Editorial

Defensa de la coca

En contra juegan la industria del narcotráfico y el estigma que pesa sobre su materia prima

La Razón

01:02 / 18 de marzo de 2012

Esta semana, la coca ha sido nuevamente centro de atención pública por dos sucesos relacionados con su defensa. El lunes, el Presidente del Estado explicó en Viena las razones para la reserva planteada a la Convención de 1961 sobre Estupefacientes de la ONU, y luego una polémica declaración sobre el uso de la hoja de un magistrado indígena del Tribunal Constitucional.

En ambos casos se trató de un mismo discurso en defensa de la llamada hoja sagrada, sobre todo de su consumo y su uso tradicional. En la capital de Austria, el Primer Mandatario pidió a los miembros de la Junta de Estupefacientes (JIFE) ayudarle a corregir el “error histórico” que, dijo, cometió el gobierno de facto del expresidente Hugo Banzer al ratificar la Convención de 1961 que acordó la prohibición del acullico. Argumentó que esta prohibición, consagrada en 1961 y que debió entrar en rigor en 2001, no se aplicó “siquiera mínimamente en Bolivia” ni en los países circunvecinos, donde también prevalece esta práctica cultural.

En defensa de la hoja de coca, además de las razones culturales, el Mandatario mostró los aún incipientes avances en materia de industrialización de los derivados de esta planta, e incluso destacó la existencia de una destilería en Holanda que produce un licor de la hoja andina. En previsión de los cuestionamientos sobre el desvío de gran parte de la producción del arbusto a la industria de la cocaína, Morales destacó los logros de su gestión en materia de interdicción al narcotráfico, reconociendo crecientes incautaciones del estupefaciente.

Días después, el magistrado Gualberto Cusi, en su afán de brindar más evidencia sobre el consumo tradicional y el uso ritual de la coca, reveló que la consume para combatir el cansancio y la consulta en casos de difícil decisión. La previsible reacción fue desde descalificaciones al jurista, en muchos casos teñidas de racismo, hasta demandas de renuncia o destitución, pasando por cuestionamientos a todo el sistema judicial, particularmente a su componente intercultural.

Con todo, la polémica declaración ha servido para poner sobre el tapete lo mismo que señaló el Presidente en Viena: que en Bolivia la hoja de coca, al margen de lo que se pueda pensar al respecto, es de uso cotidiano, y de modos muy variados, por lo que resulta inconducente prohibirla o penalizar su consumo.

Es difícil decir cuál será la respuesta de la ONU a la reserva boliviana antes de aceptar su reincorporación al Convenio, pero mientras tanto, la hoja seguirá siendo consumida y empleada en ceremonias y rituales andinos, así como en la fabricación de cocaína. El Gobierno tiene una dura tarea para demostrar que se valora lo primero y se combate efectivamente lo segundo; mientras, en contra juega no sólo la boyante industria del narcotráfico, sino también el estigma que pesa sobre su materia prima.

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