Editorial

Demagogias

Es evidente que la demagogia como estrategia electoral ni es nueva ni dejará de usarse

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:27 / 12 de septiembre de 2014

Con el inicio, hoy, de la temporada de campaña electoral, lo que hasta ayer eran todavía tímidos intentos de convocar al electorado a favor de uno u otro candidato se convertirán en mensajes explícitos, con las voces y rostros de quienes participan de la competencia por las sillas presidencial y parlamentarias. Es previsible que la demagogia sea la estrategia favorita.

Es posible que no exista campaña política alguna en la que no haya siquiera una dosis mínima de demagogia, y la historia boliviana está plagada de campañas basadas en esta estrategia retórica que, según el Diccionario de la Real Academia, consiste “en ganarse con halagos el favor popular” o, puestos en el contexto de la campaña, según el mismo libro de referencia, “en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.

Los ejemplos más recientes los recogió, ayer, una periodista de este diario: el candidato de Unidad Demócrata (UD) proponiendo una nueva legalización de automóviles indocumentados (los tristemente célebres “chutos”), pero con una alta carga impositiva para “castigar” el delito cometido al introducirlos en el país de contrabando, exactamente la misma lógica que empleó el Gobierno en 2011, cuando ya se legalizó los coches indocumentados. Por su parte, los postulantes del Partido Demócrata Cristiano (PDC) y del Movimiento Sin Miedo (MSM) coincidieron en ofrecer el doble aguinaldo para los jubilados.

En los tres casos, las propuestas han sido hechas como respuesta a movilizaciones que ocupan la atención de los medios estos días, y sin necesariamente ser parte de una idea mayor, por mucho que en el discurso se las haya recubierto de argumentos tales como “evitar la discriminación” u otros similares.

A su vez, el Presidente del Estado, quien recién después de una fuerte multa aplicada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) a su partido comenzó a controlar su entusiasmo en los actos públicos, aprovechó la ocasión para manifestar que las propuestas de sus contendientes son irresponsables con la economía del país. Y razón no le falta, pero todavía falta ver cuántas de esas propuestas hará él y cuántas se ejecutarán gracias a que controla los recursos del Órgano Ejecutivo.

Es evidente que la demagogia como estrategia electoral ni es nueva ni dejará de usarse, empero, cabe la posibilidad de que tenga una suerte de efecto bumerán sobre quienes hacen este tipo de ofertas, pues, por una parte, es evidente que buscan manipular la voluntad del electorado y, por la otra, pueden ser exigibles más adelante, poniendo en evidencia que se las hizo sin pensar.

Es, pues, mala la demagogia como estrategia electoral, sin embargo la veremos con más frecuencia de lo deseable. Lo deseable, entonces, es que el electorado sepa distinguir la paja del grano.

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