Editorial

Derecho a la crítica

La crítica y la autocrítica resultan fundamentales para avanzar como individuos y como sociedad.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 07 de marzo de 2018

Propios y extraños reconocen la importancia de poder cuestionar a los Estados, a las autoridades gubernamentales, a los diversos credos, a las costumbres e ideas en una sociedad abierta; ya sea a través de artículos de opinión, manifestaciones públicas o, por supuesto, por medio del arte.

Se trata de un pilar fundamental de la civilización y de las democracias.  

En efecto, el derecho a la crítica y a la libre expresión resulta esencial no solo para combatir la corrupción, la ineficiencia y la intolerancia; sino también para crecer como sociedad y como individuos. Se trata de un principio básico para poder progresar en todos los ámbitos de la sociedad, superando nuestras limitaciones, errores y carencias. Y es que, como bien explica el filósofo alemán Edmund Husserl, esta actitud de crítica le ha permitido a las sociedades asumir una nueva forma de aproximación al mundo, reflexiva y al mismo tiempo integradora de todo lo existente, dando lugar a una nueva época, en la que la humanidad “solo quiere vivir y puede vivir en la libre formación de su existencia y de su vida histórica a partir de ideas de la razón, hacia tareas infinitas”.

Frente a estas premisas, la reacción de parte de las principales autoridades de Oruro, la Asociación de Conjuntos del Folklore de ese departamento (ACFO), de los representantes de algunas organizaciones civiles, y del clero católico ante la pintura de la artista Rilda Paco que retrata a la Virgen del Socavón en lencería y pantimedias, mientras es venerada por tres bailarines del Carnaval, puede calificarse, cuando menos, de desmesurada.

Según las críticas, esta imagen constituye un sacrilegio contra la madre de Dios, quien es también la patrona del Carnaval de Oruro. Y por extensión, es una ofensa contra el pueblo que acoge esta expresión del folklore boliviano. Esto pese a que la artista ha aclarado en reiteradas oportunidades que su intención nunca fue la de denigrar a la patrona del Carnaval de Oruro, ni tampoco al pueblo que la cobija; sino más bien poner en evidencia lo absurdo que resulta —doble moral, para muchos— dar rienda suelta a los desenfrenos de la carne, con bastante alcohol de por medio, en nombre de la devoción que se le tiene a la Virgen.

Además, en ningún país que se jacte de defender el derecho de la ciudadanía de poder expresar libremente sus opiniones pueden existir expresiones culturales, credos, personajes o ciudades con un manto de sacralidad que los proteja de las detracciones. Pues, como se dijo antes, la crítica y la autocrítica resultan fundamentales para avanzar como individuos y como sociedad. Sin ir muy lejos, el cuestionamiento respecto al uso de restos de animales en peligro de extinción en la entrada del Carnaval de Oruro resulta fundamental para erradicar esta nociva práctica; y lo propio puede decirse del consumo excesivo de alcohol y la inseguridad que impera durante las carnestolendas.

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