Editorial

Derroche de agua y contaminación

Urgen medidas para evitar que la contaminación y el derroche de agua se tornen insostenibles.

La Razón (Edición Impresa)

00:04 / 06 de abril de 2018

Días atrás se dieron a conocer dos datos relevantes respecto al uso del agua en el país. Por un lado, que el 80% del líquido elemento que se utiliza se destina a la agricultura, ganadería, industria y minería; mientras que el resto va al consumo interno. Y por otra parte, que únicamente el 40% de las aguas residuales son tratadas.

Si bien no sorprende el hecho de que tan solo el 20% del agua dulce disponible se destine al consumo doméstico, pues hace ya varios años que diferentes estudios advierten que la mayor parte se utiliza en la agricultura y ganadería (por ejemplo hacen falta entre 1.000 y 3.000 litros de agua dulce para producir un kilo de arroz y 7.000 para un filete de ternera, según estimaciones de la FAO), y en menor medida en la industria y la minería; este dato resulta esencial para trazar políticas orientadas a garantizar el acceso a este vital elemento para toda la población. Cruzada que, como bien se sabe, cada año resulta más difícil.

Y es que mientras la población crece exponencialmente, y con ello el volumen de residuos generados por el hombre (actualmente se contaminan más de 2.000 millones de toneladas de agua al día en todo el planeta), los recursos naturales son cada vez más escasos. De hecho, los seres humanos ya se han apropiado del 54% de este vital elemento disponible en ríos, lagos y acuíferos subterráneos, según datos de la ONU. Y a pesar de ello más de 900 millones de personas no tienen acceso a la cantidad mínima necesaria para su subsistencia (35 litros al día en promedio).

Por ello, también resulta de vital importancia subsanar el hecho de que solamente el 40% de las aguas residuales que se generan en el país son tratadas, según estimaciones del Ministerio de Medio Ambiente y Agua. Un porcentaje ciertamente escandaloso si se toma en cuenta que ello no solo afecta la disponibilidad de agua en el país, especialmente durante las épocas secas, sino también y sobre todo porque repercute negativamente en los ríos y humedales como el lago Titicaca o la Laguna Alalay, que deben soportar el desecho de estas aguas domésticas e industriales sin tratamiento.

Se trata de una nociva práctica que, como bien se sabe, atenta contra los ecosistemas y amenaza la provisión de agua dulce en el país, ya que los desechos industriales contienen sustancias tóxicas como el formol, ácido sulfúrico y solventes. Y los de la minería pueden ser incluso más nocivas, tratándose de metales pesados como el plomo y el mercurio, que pueden dañar severamente la salud de las personas y animales; amén de atentar contra la fertilidad de los suelos.

Hay, pues, un diagnóstico claro respecto a las amenazas que se ciernen hoy en día detrás de la provisión de agua en el país, y que tienden a agravarse día que pasa. De allí la importancia de tomar cuanto antes el toro por las astas, como se dice coloquialmente, antes de que la contaminación y el derroche de agua se tornen insostenibles.

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