Editorial

Desafíos en El Alto

El acelerado crecimiento está causando problemas de contaminación y de convivencia

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:39 / 07 de marzo de 2015

El viernes El Alto festejó su trigésimo aniversario, en conmemoración a la creación, por parte del Congreso, de la cuarta sección municipal de la provincia Murillo de La Paz en marzo de 1985, identificando a esa urbe como su capital. Tres años después, la Ley 1014 elevó a rango de ciudad aquella capital, que hoy es una de las urbes más pujantes y particulares del país.

En efecto, no se trata de una urbe tradicional en el sentido republicano, que gira en torno a la ubicación espacial de un centro por su relación y equilibrio de poderes.

En esa metrópoli no existe una plaza principal, hay varios centros edificados bajo una visión espacial vinculada con la parcialidad de arriba y la de abajo, inherente a las comunidades aymaras que la han ido configurando.

Asimismo, esta novel ciudad descuella por su fuerte dinámica poblacional, cultural y económica. Según datos del último censo, actualmente viven en el municipio alteño cerca de 850.000 habitantes, y la mayoría de ellos (59%) tiene entre 14 y 54 años. Es decir que esta urbe no solamente es una de las más jóvenes del país, sino también una de las más pobladas, lo que representa grandes oportunidades, pero también grandes desafíos.

Y es que la demanda de viviendas, vías y servicios básicos en exceso, además de poner en figurillas a las autoridades locales, está generando problemas crecientes de contaminación y de convivencia urbana. Por mencionar un caso, las cerca de 500 toneladas de basura que se producen por día en esa metrópoli son depositadas en botaderos municipales, pues carece de un relleno sanitario. Y lo propio ocurre con las aguas domésticas e industriales, que son vertidas en riachuelos y alcantarillas sin ningún tipo de tratamiento. Ambos fenómenos ponen en riesgo no solamente la salud de la población, sino también de los ecosistemas que se encuentran en inmediaciones de este municipio.

De igual manera se sabe que el tráfico de animales goza de muy buena salud en El Alto, donde se puede conseguir no solo mascotas de todo tipo, sino también pieles, plumas y fibra de vicuña. La existencia de más de 250.000 perros y gatos vagabundos constituye otro de los males de esta ciudad, que carece de una perrera municipal y de políticas efectivas contra la expansión canina. 

Eliminar o al menos reducir la creciente ola de delincuencia es otro de los grandes retos alteños. Por caso, en noviembre de 2014, un operativo policial permitió hallar a 39 adolescentes, la mayoría mujeres, que eran prostituidas dentro de alojamientos. Asimismo, frente a la impunidad y la violencia bajo la que operan algunos delincuentes, en diferentes barrios los vecinos se han organizado para adoptar formas alternativas de justicia, siendo el linchamiento la más peligrosa de estas expresiones. Como se puede observar, son muchos los desafíos que hoy enfrenta la ciudad más joven del país.

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