Editorial

Desarrollo humano

Parecería que el ‘suma qamaña’ está a 113 puestos de distancia, lejos de Noruega o Suiza

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:45 / 26 de julio de 2014

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de publicar su último informe sobre desarrollo humano, titulado Sostener el progreso humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia. Una vez más este estudio abarca de manera tradicional la medición del esfuerzo que los países realizan para mejorar la calidad de vida de su población. 

No obstante, esta versión 2014 incluye una particularidad, pues la propuesta adopta una nueva perspectiva que incorpora dos elementos metodológicos adicionales que permiten redefinir el grado de desarrollo humano y su sostenibilidad en el tiempo para 187 países que son sujetos de análisis. La primera innovación se centra en un enfoque dinámico de desarrollo sostenible alcanzado por los Estados y la capacidad que tienen para mantener y mejorar las condiciones de salud, educación y empleo en un ambiente de riesgos globales de orden económico, financiero, ambiental, político social o alguna combinación de todos ellos que podrían vulnerar el bienestar de la población. Luego, realiza una aproximación en la medición del grado de flexibilidad que tienen las sociedades e individuos en reaccionar y sobreponerse a estas adversidades, que en la mayoría de los casos no son controlables.

Tras la contextualización, cabe preguntarse qué puesto ocupa Bolivia. Sin mayores preámbulos, el lugar del país en el ranking del PNUD es el 113. Esto significa que Bolivia se encuentra en el grupo de naciones con desarrollo humano medio, compartiendo vecindario con Mongolia, Samoa y Gabón; debajo de Paraguay y ligeramente superior a El Salvador; y en comparación a los países vecinos, se ubica en el último lugar de Sudamérica.

Resulta inquietante que, pese a la bonanza económica, las políticas de Estado aún son insuficientes para quebrar de manera estructural una situación de statu quo en cuanto a desarrollo humano integral, sostenible y ojalá inmune a cambios violentos e impredecibles en las condiciones del entorno de la población. Al respecto son necesarias algunas nuevas directrices que integren las políticas sociales de salud, educación y empleo.

No es suficiente declarar salud universal y gratuita, cuando no existen las condiciones materiales necesarias para brindar el servicio; los hospitales, tomógrafos, ecógrafos, salas de laboratorio, camas y médicos son insuficientes. La educación requiere de escuelas, colegios y universidades con aulas multimedia conectadas a internet; librerías que acopien lectura científica del saber universal y ancestral originario, así como textos literarios; además de profesores que actúen como maestros transmisores de conocimiento y promotores de invención. Finalmente se requiere de empleos formales, sostenibles y justamente remunerados que garanticen estabilidad laboral. Parecería que el suma qamaña está a 113 puestos de distancia, lejos de Noruega o Suiza.

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