Editorial

Desastres naturales

La planificación territorial y el uso de suelos deberían ajustarse tomando en cuenta este nuevo escenario.

La Razón (Edición Impresa)

00:05 / 03 de febrero de 2018

Varias regiones del país se han visto gravemente afectadas por las intensas lluvias registradas en los últimos días, evidencia de los desequilibrios climáticos a los que nos tendremos que ir adaptando cada vez más. Urge perfeccionar las tareas de Defensa Civil, pero sobre todo repensar la planificación territorial y la prevención de riesgos ambientales.

Los últimos años hemos enfrentado diversas emergencias climáticas: severas sequías que afectaron el abastecimiento de agua en las ciudades, nuevas plagas que dañaron significativamente algunos cultivos, y en estos días fuertes precipitaciones que han generado inundaciones y el desborde de ríos en gran parte del país.

Aunque precisamos más información sobre los factores detrás de esta creciente inestabilidad ambiental, resulta evidente una mayor volatilidad climática, cuyos impactos se sentirán con mayor frecuencia e intensidad en gran parte del territorio nacional. Este es un dato de la realidad que no podemos soslayar.

Bolivia debe seguir contribuyendo a la consolidación de una agenda global que enfrente las causas estructurales del cambio climático y sus efectos, sabiendo que la única manera de contrarrestar este fenómeno pasa por una cooperación internacional eficiente y efectiva. De igual manera urge desarrollar una estrategia de alcance nacional y local para estar preparados frente a eventuales desastres naturales y, sobre todo, para reducir las vulnerabilidades que contribuyen a que esos desequilibrios tengan impactos significativos en la economía y el bienestar de los ciudadanos.

En la primera dimensión se observan avances. Las tareas de Defensa Civil y la atención de los damnificados cuentan hoy con más recursos, capacidades e instrumentos. No obstante resulta crucial fortalecerlas, consolidando las instituciones que coordinan estas labores, impulsado una mayor articulación con los gobiernos subnacionales. Solo una acción bien coordinada de todos los niveles gubernamentales permitirá un apoyo eficiente y oportuno a la población afectada.

El segundo ámbito es sin duda el menos trabajado, de allí que haga falta avanzar en ese sentido. Frecuentemente los desastres naturales críticos, como las inundaciones y sequías de envergadura, se amplifican por acciones humanas e institucionales previas. Por ejemplo, una urbanización desordenada, la ocupación informal de un territorio o proyectos de infraestructura ejecutados sin medidas preventivas hacen que los impactos de estos fenómenos sean mucho más altos de los que se producirían si se habría actuado con precaución.

Hay, pues, cuestiones de planificación territorial, uso de suelos y procedimientos para el desarrollo de infraestructura que necesitan revisarse y ajustarse tomando en cuenta un escenario de mayor incertidumbre climática.

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