Editorial

Desnutrición crónica

La desnutrición crónica conlleva impactos permanentes en la salud y el desarrollo.

La Razón (Edición Impresa)

00:39 / 07 de julio de 2017

Los especialistas definen a la desnutrición crónica como un estado irreversible al que se llega luego de padecer hambre durante largo tiempo. Según alerta un informe de la Gobernación de La Paz, la prevalencia de esta condición, que conlleva impactos permanentes en la salud, ha aumentado significativamente entre los niños y niñas de 51 municipios paceños en los últimos años.

Por ejemplo, de acuerdo con este estudio elaborado por el Consejo Departamental de Alimentación y Nutrición de La Paz (Codan) a partir de datos proporcionados por el Software de Atención Primaria en Salud (Soaps), la desnutrición crónica de los niños y niñas de uno a dos años en las regiones rurales estudiadas se incrementó de 12,1% en 2014 a 18,7% en 2016. Entre los menores de un año esta prevalencia subió de 6,7% a 10% en el mismo periodo; y entre los menores de cinco años, de 9,4% a 13,6%.

Una de las razones que explicaría tal incremento, según señalan los responsables de este informe, sería la dieta poco nutritiva que impera en gran parte de las zonas rurales de La Paz, compuesta principalmente de carbohidratos como la papa, el chuño, el arroz y el fideo; en tanto que alimentos como las frutas, verduras y carnes constituyen un lujo que pocas familias se pueden permitir.

Ahora bien, cabe aclarar que esta tendencia no coincide con los datos globales manejados por el Ministerio de Salud, cuyas estimaciones indican que la desnutrición crónica entre los niños y niñas menores de dos años se redujo de 23,2% en 2007 a 13,2% en 2015. Logro que habría sido posible gracias a las medidas impulsadas por la Ley 3460, de agosto de 2006, para promover la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, y que fue reconocido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

De todas maneras, los datos que maneja la Gobernación de La Paz deberían llamar la atención de propios y extraños, máxime tomando en cuenta que la desnutrición crónica no solamente se manifiesta en una talla y en un peso menor respecto a los promedios, sino también —y más grave aún— afecta la salud física y mental de los niños y niñas, mermando por ejemplo su capacidad cognitiva y de aprendizaje, que queda seriamente resentida de por vida. Además, esta condición predispone a quienes la padecen a sufrir procesos infecciosos con mayor frecuencia, como las diarreas y las enfermedades respiratorias, que muchas veces llegan a ser mortales.

Por todo ello y mucho más, urge seguir trabajando contra la desnutrición infantil crónica, promoviendo políticas que impulsen la lactancia materna durante los primeros meses de vida, así como también una dieta nutritiva principalmente durante la infancia, y en particular en las zonas rurales del país donde la escasez de alimentos y la mala nutrición constituyen un atentado contra el futuro y el desarrollo de las nuevas generaciones.

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