Editorial

Después de la fiesta

Las calles aledañas a los locales donde se realizan las fiestas ‘quedan hechas una cochinada’.

La Razón (Edición Impresa)

01:07 / 24 de marzo de 2017

Con sendas fiestas privadas amenizadas por la cantante mexicana Lucero y la reina del eurodisco C.C. Catch, la semana pasada concluyeron las recepciones sociales de dos de las fraternidades que este año organizan el Gran Poder. Estos festejos pusieron en relieve el poder económico detrás de esta entrada, pero también algunas execrables costumbres que necesitan ser erradicadas.

Según detalla un reportaje publicado el domingo en este diario, las recepciones previas a la entrada folklórica comenzaron a realizarse anualmente desde finales de los 90, con el fin de atraer nuevos bailarines. En un principio estas fiestas eran amenizadas por grupos nacionales, pero en 2005 una de las fraternidades decidió contratar a una agrupación peruana. Desde entonces se inició una suerte de competencia entre las morenadas, con la llegada de grupos y artistas de renombre procedentes de diferentes países latinoamericanos, sobre todo de México, y ahora último también de Europa.

Por ejemplo, grupos como Bronco, Los Ángeles Azules, Los Bybys y Los Ángeles de Charly; al igual que reconocidos solistas como Ana Bárbara, Myriam Hernández, Cristian Castro y Pedro Fernández, entre otros, han amenizado estas recepciones sociales. Según las productoras consultadas por La Razón, traer a estos artistas cuesta entre $us 50.000 y $us 150.000; lo que permite apreciar la gran cantidad de dinero que mueve el Gran Poder incluso antes de la entrada folklórica, y que en total puede superar los $us 100 millones, según estimaciones del investigador Germán Molina.

Pero una vez que se apagan las luces de la fiesta no todo es algarabía, ya que entonces emerge otra realidad, más sombría, cuyas consecuencias necesitan ser contrarrestadas por las autoridades locales y por los propios protagonistas del festejo. En especial la gran cantidad de basura que se genera no solo durante la entrada folklórica, sino también en las recepciones sociales que motivan este comentario; junto al excesivo consumo de bebidas alcohólicas, con todo lo que ello implica: peleas, accidentes de tránsito, robos, violencia intrafamiliar, etc.

Y es que, en palabras del subalcalde del Macrodistrito Max Paredes, los espacios verdes y las calles aledañas a los locales donde se realizan estas fiestas “quedan hechos una cochinada”, por la basura de las “comideras y vendedoras”, y porque innumerables personas en estado de ebriedad los utilizan como si se tratasen de mingitorios. Asimismo, tras las fiestas, el número de denuncias sobre diferentes crímenes aumenta exponencialmente, según advierte del Director de la FELCC. Frente a este deplorable escenario, sería deseable la aplicación de multas y sanciones a los responsables de estos bacanales, a fin de recaudar recursos que contribuyan a la limpieza y restauración de los espacios públicos, así como también para promover campañas contra el consumo excesivo de alcohol.

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