Editorial

Día del Libro

La obra cumbre de Cervantes cambió para siempre la forma de entender y escribir textos literarios en el mundo.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 24 de abril de 2018

Según reza la tradición, Miguel Cervantes Saavedra fue enterrado un 23 de abril de 1616, el mismo día y año en que murió William Shakespeare. Por esta peculiar “coincidencia”, la Unesco decidió conmemorar el Día del Libro cada 23 de abril, en homenaje a estos grandes escritores, con el propósito último de impulsar la lectura y el respeto a los derechos de autor en el mundo.

En efecto, el Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha no solo es considerada la obra cumbre de la literatura española, sino también una de las más revolucionarias de la literatura universal, al extremo de haber cambiado para siempre la forma de entender y escribir textos literarios en el orbe.

Y es que la novela de Cervantes incorpora recursos retóricos inéditos hasta entonces, como la ambigüedad resultado de la presencia de varios narradores (Cide Hamete Benengeli, el traductor morisco y los propios personajes que toman la palabra para relatar sus historias). Además, crea personajes de gran profundidad que se encuentran siempre en crisis, como Alonso Quijano y Sancho Panza, alejados de los estereotipos planos y heroicos que imperaban hasta entonces; entre muchos otros artificios literarios.

A su vez, el aporte de William Shakespeare para la literatura anglosajona y universal es equiparable a la de Cervantes. Por ejemplo, sus obras han sido traducidas a más de 100 idiomas y desempeñaron, según los especialistas, un papel crucial en la formación del inglés moderno. Clara prueba de ello es que al menos 3.000 palabras y expresiones nuevas en inglés aparecieron impresas por primera vez en las obras de Shakespeare.

Respecto a la intención detrás del Día del Libro de promover el hábito de la lectura y la escritura, así como una cultura de respeto y protección hacia la propiedad intelectual, no sobra recordar que las sociedades creativas son las que imponen paradigmas, tanto de vida como de consumo, y que, por tanto, la liberación de todo pueblo pasa por la soberanía cultural. Pero para ello hace falta un pensamiento crítico entre los ciudadanos que les ayude no solo a reproducir contenidos, sino también a cuestionar la realidad y los conocimientos adquiridos para, a partir de allí, comenzar a crear paradigmas de pensamiento propios.

Una tarea cada vez más difícil en estos tiempos modernos de inmediatez, plagados de información y medios de entretenimiento que prometen un disfrute fácil, sin mayores esfuerzos, como las películas, los videojuegos o las redes sociales. De allí la importancia de promover desde todas las trincheras posibles el razonamiento verbal, junto con un pensamiento crítico, entre niños, jóvenes y adultos. Y qué mejor que hacerlo por medio de la lectura y posterior discusión de libros que se distinguen no solo por su contenido, sino también por su lenguaje y estructura estéticamente trabajados para su disfrute.

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