Editorial

Día de la Madre Tierra

El problema surge cuando las sociedades comienzan a ser gobernadas por el amor al dinero

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:39 / 22 de abril de 2016

Hoy el mundo celebra el Día Internacional de la Madre Tierra. A instancias de Bolivia, esta fecha se conmemora con ese nombre desde 2009, cuando el presidente Evo Morales propuso a la Asamblea de las Naciones Unidas agregar la denominación de Madre al Día de la Tierra para que de esta manera las personas se identifiquen con el planeta y la importancia de su cuidado.

Cuando instituyó este día, la ONU hizo un llamado a todos los habitantes para que reconozcamos la responsabilidad que nos corresponde a la hora de promover la armonía con la naturaleza y el desarrollo, “a fin de alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras”. Palabras más, palabras menos, este mismo mensaje dio pie al inicio de esta celebración allá por 1970, cuando, el 22 de abril de ese año, el senador y activista ambiental Gaylord Nelson promovió una gran movilización en EEUU para promover la creación de una conciencia global respecto de los problemas de la contaminación en el mundo y la conservación de la biodiversidad. Decenas de miles de personas respondieron a este llamado, que culminó con la creación de la Agencia de Protección Ambiental, y una serie de normas para el cuidado de la naturaleza.

Cuarenta y seis años han pasado desde entonces, y a pesar de las cumbres, leyes y demás foros organizados en favor del planeta, los problemas de erosión y degradación de los suelos, destrucción de la fauna y la flora (dentro y fuera de los océanos), contaminación de los ríos y acuíferos, la pérdida de la cobertura vegetal, entre otros, lejos de disminuir, se han incrementado sustancialmente con los años. Esto se debe en gran medida a que el progreso tal y como lo entendemos hoy en día se sostiene gracias a la explotación desmedida del medio ambiente (agua, madera, minerales, hidrocarburos, animales, etc.).

Ahora bien, no cabe duda de que el desarrollo y la supervivencia de la humanidad dependen del aprovechamiento de los recursos naturales. El problema surge cuando las personas y las sociedades comienzan a ser gobernadas por el amor al dinero, bajo una lógica de mercado capitalista voraz, que ha internalizado en gran parte de la población la idea de que la felicidad deviene por consumir y tener más bienes. Y desde esta perspectiva, el desarrollo se convierte simplemente en un dogma capaz de supeditar y mantener a su servicio todas las actividades económicas y manifestaciones culturales, con el propósito último de acumular riquezas. Por ello, de no revertir esta tendencia que fomenta el consumo desmedido y las apariencias, el objetivo de alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, propuesto por la ONU en conmemoración de este día, seguirá siendo una utopía, y la salud del planeta estará cada vez más comprometida.

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