Editorial

Día de la Madre

El mérito de las madres y de las mujeres es mucho mayor de lo que se acepta habitualmente

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 27 de mayo de 2018

Hoy, como todos los años, las calles, los medios de comunicación, las redes sociales y cuanto espacio social, público y privado, pueda nombrarse se llenarán de mensajes en homenaje a las madres. No cabe duda: así sea un solo día al año, el homenaje es bien merecido. Sin embargo, muchos mensajes que circulan en fechas como hoy también tienen su lado discutible.En efecto, detrás de muchos mensajes, verbales, visuales y auditivos, se esconden ideas preconcebidas y estereotipos que reducen a las mujeres a conjuntos limitados y limitantes de todo lo que significa ser madre, comenzando por la equivocada idea de que la maternidad es el destino inevitable o, peor, el fin último de la femineidad. Todavía falta mucho, pues, para que las personas entiendan que la maternidad es una decisión, no una obligación, y que aquellas mujeres que no tienen hijos no merecen pena ni desprecio, sino respeto como cualquier otra.

Por otra parte, quienes tienen hijos han aprendido que la sociedad espera en ellas un comportamiento basado en expectativas, a menudo irreales, de absoluta devoción y sacrificio, como si el hecho de dar a luz cambiase la personalidad de una mujer porque sí, como si el hecho de ser sacrificada hiciera a esa madre una mejor persona, pues se glorifica falsamente dicho sacrificio e, irónicamente, no se le brinda ninguna clase de recompensa.

Este imaginario tiende, por otra parte, a quitar a los varones su cuota de responsabilidad en la crianza de los hijos e hijas; y son pocos los espacios en la sociedad donde se les reclama esta falta de involucramiento en esta tarea esencial del hogar. A menudo, quienes participan esporádicamente en la crianza de los hijos creen ser merecedores de reconocimiento por estar “ayudando” en casa. La realidad es que esa no es ninguna ayuda, sino una obligación de los padres, que son igualmente responsables que las madres por esa vida que llegó al mundo.

Asimismo, la idea del “rol natural” de cuidadora, nutricia y educadora que se le asigna a toda madre por el solo hecho de serlo, tenga o no la vocación, afecta a las mujeres de su entorno: abuelas, tías, hermanas, trabajadoras del hogar son vistas como el reemplazo de la madre en su ausencia, y pocas veces se les exige a los varones hacerse cargo de las tareas asociadas a esas funciones. Además, esta histórica naturalización de los roles femeninos ha dado paso a la completa invisibilización del valor que tiene este trabajo.

No es, pues, menor la importancia de la maternidad para cualquier sociedad humana, así como tampoco es menor la presión que deben soportar las mujeres, ora para convertirse en madres, ora para ser madres ejemplares a pesar de cualquier circunstancia. En este día rendimos nuestro homenaje a esas mujeres que son madres y que son todo lo demás; su mérito es mayor de lo que se acepta habitualmente, y por ello son más grandes de lo que se cree.

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