Editorial

Día del Periodista

Cualquier forma  de censura impide que el público conozca toda la información disponible

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:05 / 10 de mayo de 2014

Son tiempos difíciles para ejercer el oficio del periodismo. La tecnología ha ampliado las posibilidades de expresión y comunicación humanas a extremos hasta hace poco impensables, poniendo incluso en cuestión la necesidad de un periodismo profesional; además, las y los profesionales de la información deben afrontar ataques desde los frentes interno y externo.

En efecto, un largo proceso de polarización de la opinión pública ha tenido, para las y los periodistas, el indeseable efecto de polarizar también a los miembros del gremio, en algunos casos por pura voluntad personal; en otros, por la constante presión de la línea editorial o informativa del medio para el que trabajan. Sin duda la mayoría sabe distinguir su opinión personal de la información que debe brindar a su audiencia, por lo que no es atribuible a ellas y ellos la mayor parte de los errores y omisiones que confunden e inclinan la formación de opinión en el público. De hecho, como sucede en todo el mundo,   a menudo la culpa es de las fuentes, que siempre tienen una intención detrás de sus datos y declaraciones.

No se trata, aquí, de afirmar que la libertad de expresión esté amenazada (definitivamente, no más que en las últimas tres décadas), sino que las presiones de naturaleza política han dañado la credibilidad del oficio y, de esta manera, socavado el completo goce del derecho a la libertad de expresión por parte de las audiencias. Cualquier forma de censura o autocensura implica evitar que el público conozca toda la información disponible; y es aún peor cuando se producen procesos de desinformación, cuando solo está disponible información incompleta, cuando no deliberadamente tergiversada.

Por otra parte, un nuevo peligro se cierne sobre la práctica del oficio que hoy celebra su día en Bolivia y, más específicamente, sobre los medios de comunicación donde se produce comunicación periodística: el afán de desacreditar a la “competencia”. Cuando no es a través de periodistas comprometidos con líneas ideológicas o empresariales que se sienten con derecho a denigrar a otros medios, lo es a través de informes de investigación que rara vez se adhieren a los más elementales principios de la indagación científica. Nuevamente es el público el más afectado, pues recibe información distorsionada.

Son, pues, tiempos difíciles para el oficio, pero a la vez es el momento correcto para que las y los periodistas miren y comprendan sus circunstancias, para que de esta manera, a tiempo de ser conscientes de los riesgos que afrontan en su trabajo cotidiano, reafirmen su vocación de servicio y su compromiso con los derechos a la información y a la libertad de expresión, de los cuales no son sino facilitadores. La Razón no espera nada menos de su equipo periodístico, para así poder ofrecer a su público información veraz, con contenidos plurales, interesantes, útiles y oportunos.

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