Editorial

Día del Trabajo

El trabajo es una fuente de dignidad personal, estabilidad familiar y seguridad ciudadana

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

03:22 / 01 de mayo de 2015

Hoy recordamos aquel 1 de mayo de 1886 cuando, en Chicago (EEUU), un grupo de obreros organizó una manifestación en demanda de mejores condiciones laborales, en una época en la que se trabajaba 14 horas cada día en promedio. La consigna de la revuelta era “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”.

Como bien se sabe, esta manifestación culminó con la detención de ocho dirigentes: Adolph Fisher, Augusto Spies, Albert Parsons, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe. Seis meses después, luego de un proceso plagado de irregularidades, cuatro de ellos fueron ahorcados, con el evidente propósito de escarmentar a la clase trabajadora estadounidense. Louis Lingg optó por quitarse la vida con una bomba casera antes que tolerar la “justicia” del sistema. Los demás fueron condenados a prisión perpetua.

Para fortuna de las nuevas generaciones, mucho se ha avanzado desde entonces. Las revueltas posteriores consiguieron la reducción de la jornada laboral, la inclusión de prestaciones sociales, seguros de salud, y otros derechos civiles en favor del trabajador. Sin embargo, muchas de estas consignas ganadas con sangre han perdido valor y efectividad. En parte debido a que las políticas económicas de las últimas décadas han mermado el valor del empleo decente en aras de una mayor competitividad e ingresos más elevados.

Este declive es bastante evidente en algunos países del sur de Europa, y en particular en Grecia, donde se vive una profunda crisis laboral por el exceso de la deuda pública, el desplome de los bancos y las medidas de ajuste y austeridad exigidas por los paquetes de rescate de la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional).

En cuanto a la región, como bien advierte la Directora Regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Elizabeth Tinoco, en una columna de opinión que hoy publicamos, en los últimos años se han registrado importantes avances en cuanto a la generación de empleos formales en América Latina, gracias al elevado crecimiento económico de las gestiones pasadas.

Sin embargo, todo parece indicar que este periodo de bonanza ha llegado a su fin, y se espera la llegada de un tiempo de vacas flacas, que podría traducirse en tasas de desempleo más elevadas y en mayor informalidad.

De allí la importancia de recordar no solo en fechas como la de hoy, sino también y sobre todo en épocas de recesión, como la que se avecina, que el trabajo no es una mercancía, sino una fuente de dignidad personal, de estabilidad familiar y seguridad ciudadana; lo cual es fundamental para garantizar la solidez de la democracia y la paz de una comunidad.

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