Editorial

Día de la No Violencia

La violencia jamás resuelve los conflictos. Al contrario, amplía las diferencias

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:40 / 04 de octubre de 2014

El jueves, 2 de octubre, se conmemoró el Día Internacional de la No Violencia, fecha instaurada en 2007 por la ONU para promover una cultura de paz, tolerancia y comprensión en el mundo. La elección de este día coincide con el aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi, líder del movimiento independentista hindú y pionero de la filosofía y estrategia de la no violencia.

Justo es reconocer que resta mucho por hacer para que esta filosofía se extienda en los hogares, instituciones y calles del país. El gran número de agresiones y violaciones contra menores son una flagrante prueba de ello. Pero también lo son los frecuentes bloqueos de caminos y carreteras, protagonizados por sectores que vulneran el derecho a la libre circulación del resto para que sus  intereses prevalezcan. Los linchamientos y el ejercer la justicia con mano propia es otro claro ejemplo de intolerancia.

Asimismo, en las últimas semanas hemos sido testigos de varios actos de intransigencia entre miembros de los diferentes partidos en campaña. Por ejemplo, semanas atrás un candidato suplente por la circunscripción especial del Beni fue golpeado por un grupo de indígenas afín al partido oficialista tras salir de un medio televisivo en Riberalta. Quien lideró la agresión señaló que habían golpeado al candidato opositor “por chismoso”, y que esa era la forma como se acostumbra a resolver los conflictos en el pueblo de donde eran originarios: Chácobo.

Así como los anteriores, son innumerables los hechos en los que las personas intentan “resolver” los conflictos a través de la violencia. No obstante, esta manera de actuar jamás soluciona los problemas. En cambio, como bien demostró Gandhi, no solamente es posible luchar contra la injusticia y la opresión sin violencia ni revanchismos, sino que en realidad esa es precisamente la mejor forma, quizá la única, de combatirlos.

En esta lucha los gobiernos pueden contribuir grandemente garantizando el ejercicio de los derechos humanos a toda la población, y a la vez sancionando los crímenes y las discriminaciones contra las minorías, independientemente de que se cometan por organizaciones privadas, públicas o individuos. Asimismo, para evitar que las disputas se intenten resolver por medio de la violencia, el Estado debe garantizar un acceso igualitario y universal a los tribunales de justicia.

En cuanto a la sociedad civil, como ya antes se dijo en este mismo espacio, cabe recordar que las actitudes de intolerancia se cultivan en los primeros años de vida, cuando los niños tienen como modelos a personas cuyas inseguridades se traducen en acciones de violencia. De allí que la educación sea un elemento clave para luchar contra las agresiones, la exclusión y la injusticia, incentivando en las nuevas generaciones un comportamiento ético, con actitudes de tolerancia y respeto hacia el resto.

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