Editorial

Diagnóstico tardío

La identificación temprana de cualquier enfermedad es esencial para tratarla con éxito.

La Razón (Edición Impresa)

06:21 / 03 de marzo de 2015

La identificación temprana de cualquier enfermedad es esencial para tratarla con éxito, más aún cuando se trata de males agresivos y potencialmente mortales como el cáncer. Y esta premura es aún más importante entre los niños y bebés, pues por su organismo es mucho más dinámico que el de los adultos, aceleración que se aplica también a la expansión de las enfermedades.

Por caso, el director del laboratorio de la Unidad de Biología Molecular de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Ricardo Amaru, explica que el 80% de los niños enfermos con cáncer podrían curarse con un diagnóstico precoz. Sin embargo, en la mayoría de los casos se identifica la enfermedad cuando ya está avanzada, lo que reduce significativamente las probabilidades de curación.

Una lamentable realidad que cada año se agudiza, pues, según estimaciones de la doctora oncólogo-pediatra del Hospital del Niño (Astrid Riveros), anualmente los casos de cáncer infantil aumentan entre 10 y 30%, y la mayoría se encuentra en fase terminal, lo que complica el tratamiento, al extremo de que solamente entre el 20 y 25% de los niños sobrevive.

Conscientes de este mortal déficit, días atrás, aprovechando el Día Internacional de Lucha contra el Cáncer Infantil (que se conmemora cada 15 de febrero), activistas, padres de familia y personal de salud protagonizaron una marcha en El Prado paceño en demanda de políticas públicas para mejorar las técnicas de diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad, con la creación de un registro de casos de cáncer infantil y una ley que proteja a los niños y niñas que padecen este mal.

Asimismo, resaltaron la necesidad de organizar campañas masivas de información sobre la patología del cáncer, para que los padres puedan identificar sus características y sepan dónde acudir en caso de que sus hijos manifiesten algunos de los síntomas típicos de esta enfermedad: temperatura elevada frecuente, sangrado nasal o de encías sin causa aparente, fatiga y dolor articular, palidez, mareo constante, aparición espontánea de moretones y/o de manchas rojas en la piel, pérdida del equilibrio, tropiezos frecuentes, crecimiento inusual del abdomen, aparición de puntos blancos en uno o en ambos ojos, náuseas y vómitos, entre otros, según explica el doctor Amaru.

Es de esperar que las demandas antes mencionadas no caigan en saco roto, pues, como antes se dijo, el cáncer entre los niños y bebés se extiende rápidamente, de allí que una información certera y oportuna puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, además de impedir que se apliquen tratamientos incorrectos, que muchas veces merman la salud de los pacientes y al mismo tiempo les privan de las ayudas que exactamente deberían recibir. Todo ello sin olvidar que, en caso de enfermedad, no existe nada más angustioso que no saber contra qué se está luchando.

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