Editorial

Difícil compromiso

La única solución pacífica del conflicto sirio pasa por un acuerdo entre las partes

La Razón

01:37 / 03 de junio de 2013

El lunes anterior, Le Monde publicó un reportaje elaborado por el fotógrafo Laurent Van der Stockt, quien presenció y sintió los efectos de un ataque con armas químicas en Siria. Este testimonio se suma a los informes de los servicios de espionaje de varios países occidentales que aseguran que el régimen sirio está empleando este tipo de armas contra los rebeldes.

Estas evidencias, cada vez más contundentes (la semana pasada, el Reino Unido presentó un informe ante las Naciones Unidas sobre nuevos y presuntos casos de utilización de gas sarín, desde abril, en el conflicto sirio), están poniendo en figurillas al Mandatario de Estados Unidos, por decir lo menos. Esto porque, en agosto de 2012, Barack Obama comprometió su palabra al advertir a Bashar Al Asad que el empleo de armas químicas traspasaría “una línea roja” que Washington no toleraría, lo que provocaría una respuesta militar. “Como Presidente de EEUU, no fanfarroneo”, agregó.

Sin embargo, pese a las pruebas antes señaladas, Obama todavía no se ha “animado” a cumplir su palabra. En gran medida porque hacerlo sería una irresponsabilidad mayúscula, que no resolvería el conflicto ni tampoco la matanza que hoy tienen lugar en Siria, pero que sí le traería grandes y multimillonarios problemas a su país.

En efecto, no podemos olvidar que el conflicto sirio es fundamentalmente una guerra civil entre una élite minoritaria (alauitas) y una mayoría (sunitas) oprimida por un largo tiempo. De caer Bashar Al Asad, la tortilla simplemente se daría la vuelta. A la minoría alauita gobernante le tocaría luchar ferozmente por su supervivencia, esta vez como insurgentes. Lo propio pasaría con otras minorías como los chiitas y los kurdos; e incluso los cristianos se verían acorralados, tal y como está pasando actualmente en Egipto.

Por este motivo es que ambos bandos están luchando hasta las últimas consecuencias (como diríamos por estos lados), porque saben que los perdedores serán asesinados o formarán parte de una limpieza étnica. De allí que la única solución pacífica pasa por un acuerdo político entre las partes. Estados Unidos lo sabe, por eso está promoviendo la organización de una cumbre el mes próximo en Ginebra, para buscar una paz concertada que involucre a Rusia y China, los principales protectores del régimen en el Consejo de Seguridad de la ONU.

De todas maneras, el desliz de Obama ha sido grande y está siendo hábilmente aprovechado por sus detractores (semanas atrás, los senadores John McCain y Lindsey Graham le espetaron que la “credibilidad de Estados Unidos está en riesgo” con Irán, Corea del Norte y los demás que observan). Y es que uno vale lo que su palabra vale, de allí la importancia de aprender las ventajas de quedarse callado. Pues, como bien decía Aristóteles, el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios.

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