Editorial

Discoteca de cuidado

No se puede tolerar que este tipo de delincuentes operen en la impunidad

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas Tudela

00:00 / 17 de marzo de 2014

Las acusaciones en contra de la discoteca Dúo, ubicada en la calle Figueroa de la sede de gobierno, siguen y suman. Días atrás, una pareja denunció haber sido dopada en ese local el 21 de febrero luego de ingerir cervezas que dos muchachas les habían invitado. Al día siguiente, el varón se despertó dentro del mismo boliche, pero sin zapatos, ni billetera ni celular.

No obstante, fue su esposa la que llevó la peor parte, pues cuando recobró el conocimiento se encontraba en un hospedaje cercano, adonde un hombre la había conducido para ultrajarla, según dijo. Días después, la pareja volvió al local, y la mujer logró reconocer a su presunto agresor (Hernán Guachalla), quien resultó ser un empleado de ese establecimiento (el cajero, según la dueña, el administrador, según la afectada).

Como es de suponer, la pareja denunció este abuso a la Policía, que aprehendió al sospechoso. De acuerdo con el esposo de la víctima, cuando Guachalla fue detenido, dijo que si lo dejaban libre, él iba a ir a la discoteca para identificar a los garzones que trabajan con pildoritas. Luego, durante la audiencia de medidas cautelares, siempre según la misma fuente, el presunto agresor sostuvo que la recaudación de la discoteca la llevó al penal de San Pedro. Además, una jueza de El Alto favoreció con detención domiciliaria al sospechoso y a las víctimas no les permitieron declarar durante la audiencia, lo que las induce a pensar que el verdadero dueño del local tiene vínculos con el Ministerio Publico.

Por otra parte, tanto la mujer como su pareja denunciaron que están siendo amedrentados por familiares del acusado y que incluso otras personas los siguen, les toman fotografías y les filman, además de recibir llamadas anónimas. De igual manera, los representantes de la Fiscalía y de la Policía que están a cargo del caso recibieron amenazas de los allegados del sindicado.

Tras conocer este hecho, otra mujer se animó a denunciar la violación de su hija, que ocurrió en circunstancias similares luego de asistir a la misma discoteca. Añadiendo más leña al fuego, los testimonios de quienes trabajan en los alrededores afirman que estos delitos no son una excepción, sino algo corriente.

De ser ciertas estas denuncias, se trataría de una organización delictiva, altamente peligrosa, conformada por empleados del lugar y antisociales, que se dedican a robar a los clientes y que ante la impunidad de sus actos, han ido incrementando su nivel delincuencial, al extremo de violar sin escrúpulos a las mujeres atractivas que se dan cita en ese establecimiento.

Urge que la Policía y el Ministerio Público aclaren este caso cuanto antes; y de constatar las denuncias, pongan tras las rejas a los responsables. No se puede tolerar que este tipo de delincuentes operen en la impunidad, no por lo menos en un país que se precia de honrar el Estado de derecho.

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