Editorial

Discurso presidencial

Además de ser claro y conciso, un discurso debe tener en cuenta que la atención del oyente dura solo 21’

La Razón (Edición Impresa) / Miguel A. Leytón C. / La Paz

01:48 / 02 de agosto de 2015

Para muchos, el solo imaginar a un senador de pie y dando un discurso de 22 horas ante el Congreso de Estados Unidos puede parecerles una locura. Pero ocurrió, fue el senador Ted Cruz, quien dio una alocución a los congresistas utilizando ese tiempo con el objetivo de retrasar la votación del famoso Obamacare. No fue nada malo el tiempo empleado, tomando en cuenta las 24 horas y 18 minutos utilizados por Strom Thurmond, número uno en el ranking de los discursos más largos de la historia.

Quizá menos largo, pero más inspirador e influyente, fue el discurso de “Gettysburg” pronunciado por Abraham Lincoln, una de las alocuciones más grandes de la historia por destacar los principios de igualdad de los hombres; y lo propio el mensaje titulado I Have a Dream de Martin Luther King, que traspasó la barrera del tiempo y aportó por una convivencia pacífica entre las personas negras y blancas. Sin embargo, el rey del discurso fue sin duda alguna Fidel Castro, quien es recordado por su alocución en la ONU en 1968, que duró cuatro horas y 22 minutos, o el pronunciado en La Habana en 1998 con una duración de siete horas y 15 minutos.

En nuestro medio también hay personalidades que pretenden subirse al tren de los récords cuando emiten extensos informes o dan discursos, incluso con amenazas de incrementar hasta tres veces el tiempo de duración de sus alocuciones.

Cinco horas fue el tiempo que utilizó el Presidente del Estado al momento de hablarle a Bolivia el 6 de agosto de 2013, a diferencia de su discurso por el día del aniversario patrio en 2014, que tuvo una duración de una hora y le dio el tiempo suficiente como para abordar temas de real importancia para la nación.

Este 6 de agosto Bolivia cumplirá 190 años de fundación, y el pueblo boliviano no solo espera un discurso presidencial que promueva los avances y aciertos de su gobierno, sino que muestre interés y preocupación hacia otros conflictos urgentes como el suscitado en Potosí.

Evo Morales debe recordar que el poder de una alocución que persuada radica en el carisma que tenga la persona que da el discurso, tomando en cuenta además el tiempo de atención que pueda prestar el oyente, que no es más de 21 minutos. En suma, un discurso inclusivo para toda Bolivia, que sea autocrítico y que reconozca los errores de su gobierno para subsanarlos en el menor tiempo posible. Nuestro mandatario tampoco debe olvidar, como decía Demóstenes, que en un discurso es importante “la forma en que se pronuncia, los gestos, la voz y pronunciación, pronunciación, pronunciación...”.

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