Editorial

Deuda ecológica

Estamos consumiendo los recursos más allá de la capacidad del planeta para renovarlos

La Razón (Edición Impresa)

23:09 / 07 de agosto de 2017

Según un informe de Global Footprint Network (GFN), la capacidad anual del planeta para reponer los recursos naturales utilizados por las sociedades y poder asimilar los desechos humanos se agotó el miércoles 2 de agosto. En otras palabras, estamos consumiendo y contaminando más rápido de lo que la naturaleza puede volver a crear y limpiar en un año.

De acuerdo con la organización internacional GFN, socia de WWF, este preocupante “fenómeno” ecológico, denominado Día del Exceso de la Tierra, se registró por primera vez el 1 de octubre de 2000, y a partir de esa fecha cada año ocurre más temprano. Por ejemplo, este 2017 las reservas de recursos de la Tierra se agotaron ocho días antes que en 2016, cuando el quiebre ocurrió el 8 de agosto.

Si bien para muchos no constituye una sorpresa el hecho de que estemos consumiendo los recursos naturales más allá de la capacidad del planeta para renovarlos, no por ello debería dejar de preocuparnos, pues esto significa que estamos hipotecando la salud y el bienestar de las nuevas generaciones, que deberán lidiar no solo con un hábitat más enfermo y con recursos cada vez más escasos, entre alimentos, agua, tierra, energía, etc., sino también con el enorme desafío de tener que convivir con muchísimas más personas.

Y es que, según estimaciones de la ONU, para el 2050 la población mundial podría llegar a los 9.600 millones de habitantes; y de mantenerse los actuales niveles de consumo, para entonces se van a necesitar cerca de tres planetas Tierra para satisfacer las necesidades de la gente. No se necesita ser adivino o un experto para prever las consecuencias de esta realidad: hambrunas, sequías, conflictos sociales y crisis económicas y medioambientales cada vez más complejas y extendidas.

Habida cuenta de estos pronósticos poco alentadores, no queda otra opción sino trabajar, desde hoy, para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan vivir bien en un planeta saludable. Para ello hace falta no solamente asegurarse de que la planificación familiar llegue a todos los rincones del orbe, sino también comenzar a cambiar nuestros hábitos de consumo, a fin de lograr producir el alimento y los productos necesarios sin aumentar la huella ecológica, sin destruir más bosques ni utilizar más agua de la necesaria.

Y es que la actual forma de vida occidental, especialmente de las clases altas y medias, es sencillamente insostenible, en tanto se construye sobre un sistema que continúa elevando la oferta de productos sin responder a una demanda verdadera, generando una sobreexplotación de los recursos naturales estratégicos, que más temprano que tarde terminarán agotándose. No se trata de una concesión o una dádiva en favor de las futuras generaciones, sino de un imperioso deber para con nuestros hijos y nietos.

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