Editorial

Educación alternativa

Los Centros de Educación Alternativa revelan que la reinserción de los reos sí es posible

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:16 / 01 de julio de 2014

Una de las principales funciones de las cárceles modernas es la de rehabilitar a los reclusos para que, una vez concluida su condena, puedan reinsertarse en la sociedad en mejores condiciones (sociales y laborales) que las que manifestaban antes de ser recluidos. Hasta hace no mucho tiempo este mandato, establecido por la ley, parecía una utopía en el país.

En efecto, se sabe que en Bolivia no existe mejor escuela para la delincuencia que los propios recintos penitenciarios. Allí los jóvenes son formados en el mundo del hampa por los propios expertos, amén de experimentar momentos de temor y de ansiedad, que potencian su rencor en contra de la sociedad que los ha excluido.

No obstante, proyectos como los Centros de Educación Alternativa (CEA) o el centro de rehabilitación de Qalauma para muchachos de entre 16 y 21 años revelan que la reinserción social de los reos sí es posible, y que antes que recursos hace falta una mayor voluntad política para masificar este tipo de experiencias, con la impartición de cursos y talleres técnicos que amplíen la visión y las oportunidades laborales de los reclusos, dentro y fuera de las cárceles.

Por ejemplo, hasta ahora 2.058 presos se han beneficiado de las capacitaciones que brindan los centros de educación alternativa, según detalla una nota publicada por La Razón el domingo. Pese a la importancia de estos establecimientos, en 2011 había tan solo cinco en todo el territorio nacional. Empero, luego de un diagnóstico en 2012 elaborado por las autoridades del ramo, con la participación de los propios internos, se decidió ampliar y mejorar estos programas.

Afortunadamente esta recomendación no se quedó en papeles y actualmente existen 16 CEA en todo el país, donde los reclusos, además de aprender a leer y escribir, pueden concluir la educación primaria y secundaria. Asimismo, los centros ofrecen formación en carreras técnicas como repostería, carpintería, confección, sastrería, artesanía, pintura, gastronomía, mecánica, electricidad y sistemas informáticos.

Como es de suponer, este tipo de capacitaciones han tenido muy buena acogida entre los internos, pues les permite aprender un oficio digno para generar recursos mientras permanecen recluidos y ampliar sus oportunidades laborales una vez afuera. Además, como coinciden todos los reclusos y reclusas consultados por este diario, el hecho de mantener la mente ocupada con actividades positivas hace que la estadía tras las rejas sea mucho más ligera, amén de alejar el fantasma de la depresión y de la violencia.

Es de esperar que estos centros de educación alternativa se masifiquen, ya que además de darles una nueva oportunidad a los hombres y mujeres que se criaron bajo el amparo de la violencia, les enseña el valor de vivir una vida digna y honrada, haciendo de Bolivia un país más seguro. 

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