Editorial

Educación en casa

Muchos padres se concentran en las discapacidades de sus hijos en lugar de sus potencialidades.

La Razón (Edición Impresa)

01:46 / 25 de octubre de 2016

Según estimaciones del Centro de Investigación para el Desarrollo Socioeconómico, el 2% de los niños y niñas que tienen alguna discapacidad en el país asisten a unidades educativas regulares y otro 4% concurre a centros de educación especial. Es decir que la mayoría está al margen de la educación formal, lo que compromete sus oportunidades futuras de trabajo y de vida.

Con el fin de contrarrestar, al menos en parte, este lamentable déficit, la semana pasada el Ministerio de Educación lanzó de manera oficial el Programa de Educación Sociocomunitaria en Casa, cuyo objetivo es el de proporcionar una formación personalizada a niños, niñas y adolescentes que por limitaciones físicas y/o mentales no pueden asistir a la escuela ni tampoco educarse en centros especiales.

Para esta primera etapa se eligieron a 90 estudiantes, 10 por departamento, quienes recibirán en sus hogares a maestros normalistas voluntarios con la misión de enseñarles no solamente a escribir y leer, sino también algunas competencias que les ayuden a interrelacionarse mejor con su entorno y valerse por sí mismos en la medida de sus posibilidades. Esto para aquellos que padecen discapacidad intelectual grave. Se prevé que un segundo grupo ingrese a primaria luego de las clases y que un tercer grupo concluya los cursos de secundaria diseñados para adultos.

Según explicó el viceministro del área, los maestros voluntarios a cargo de esta educación especial se beneficiarán con un año de provincia y un año en el escalafón para su ascenso; y se prevé que hasta 2017 al menos 1.500 estudiantes formen parte de este programa.

Se trata sin duda de una necesaria iniciativa, tanto más importante por cuanto puede contribuir a que miles de personas que nacen con algún tipo de discapacidad no estén condenadas a vivir una vida de dependencia y postergación. Sin embargo, para amplificar esta contribución sería deseable invertir también en programas orientados a la población en general. Y es que según alertan los especialistas, la exclusión que vive la mayoría de los niños y niñas con discapacidad en el país se debe no tanto a la falta de recursos, sino principalmente a los prejuicios de sus progenitores o tutores, quienes no invierten en su futuro por falta de confianza en sus capacidades, o bien porque se avergüenzan de ellos y deciden marginarlos de la sociedad.

Una visión ciertamente reprochable que concentra la mirada en las discapacidades de los niños, en vez de prestar atención a sus potencialidades, y que pone en evidencia la profunda ignorancia que limita a muchas familias. Y es que cuando un niño o una niña recibe el amor y el apoyo de sus familiares, sus limitaciones muchas veces se convierten en su mejor aliado, pues lo obligan a esforzarse más que los demás, lo que al final muchas veces les ayuda a sobresalir respecto al resto. Son innumerables los testimonios que dan cuenta de ello.

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