Editorial

Elegir en fila

Uru Chipaya constituye un fuerte impulso para lo plurinacional y lo autonómico del Estado.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 24 de julio de 2017

El sábado anterior, en plaza pública, los comunarios de Uru Chipaya en Oruro eligieron a la máxima autoridad ejecutiva de su autonomía originaria. Lo hicieron haciendo fila detrás de los postulantes, en ejercicio de la democracia comunitaria. De ese modo, con apego a su estatuto autonómico aprobado en referéndum, avanzan en el todavía esquivo camino del autogobierno.

Para llegar a la elección del Lanqsñi Paqh Mä Eph, que sustituye a la figura del alcalde municipal, Uru Chipaya tuvo que superar varias etapas desde que en diciembre de 2009, en consulta popular, aprobó su conversión en autonomía indígena. La elaboración y adopción por consenso del estatuto autonómico en el órgano deliberativo de los cuatro ayllus, el control de constitucionalidad y su aprobación en referéndum demandaron un esfuerzo de casi siete años. El sábado el proceso dio su paso culminante.

¿Qué significa la elección mediante fila de la máxima autoridad ejecutiva de la autonomía originaria de la nación Uru Chipaya, precedida por la elección en cada ayllu de los representantes al Laymis Parla (órgano legislativo)? En términos democráticos, significa que los comicios por sufragio universal y mediación partidaria quedan atrás, dando paso a la elección por normas y procedimientos propios como la fila, la aclamación y el turno. La democracia comunitaria releva a la democracia representativa.

Por otra parte, significa que en Uru Chipaya el municipalismo, con sus alcaldes y concejales, es reemplazado por el gobierno de la autonomía originaria, con sus autoridades propias. Claro que no se trata solamente de un cambio de nombre (“municipio con poncho”), sino de una cualidad distinta en el marco de la plurinacionalidad y el modelo autonómico en el país. Queda por verse cuáles serán las diferencias en términos de gestión pública y, en especial, de toma de decisiones desde los ayllus.

El camino del autogobierno indígena consagrado el fin de semana en Uru Chipaya se suma a otros dos casos emblemáticos: Charagua Iyambae en Santa Cruz, bajo liderazgo de las capitanías guaraníes; y Raqaypampa en Cochabamba, con identidad quechua y fortaleza de la central regional. Estos tres procesos, pese a los escollos y dificultades, demuestran que “la autonomía indígena es no solo necesaria, sino también posible”, como afirmó una autoridad electoral. Sin olvidar que varios otros quedaron estancados.

Pero una cosa es que el autogobierno indígena originario campesino sea posible y otra cosa, más compleja, es garantizar su viabilidad. Balances preliminares sobre el proceso de Charagua Iyambae, inaugurado en enero de este año, comprueban las tremendas trabas burocráticas que se imponen desde el nivel central del Estado en términos de administración y gestión. El avance es lento y difícil. En ese contexto, Uru Chipaya constituye un fuerte impulso para lo plurinacional y lo autonómico del Estado.

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