Editorial

Embarazos y pobreza

Los embarazos adolescentes son un factor determinante en la reproducción de la pobreza.

La Razón (Edición Impresa)

00:43 / 30 de septiembre de 2016

El domingo concluye la Semana de Prevención del Embarazo Adolescente, esto porque la comunidad internacional se ha visto en la necesidad de reservar ya no un día al año, sino siete, para visibilizar y reflexionar sobre este fenómeno social, que condena a millones de mujeres adolescentes en el mundo, así como a sus hijos, a vivir en una situación de pobreza e inequidad.

En efecto, propios y extraños están de acuerdo en que los embarazos no deseados entre adolescentes es un factor determinante para la reproducción de la miseria. Esto porque, por un lado, ya sea por la necesidad de tener que trabajar o por la presión social, el abandono de la formación académica suele ser una de las primeras consecuencias de la maternidad precoz. Ese fue el caso por ejemplo de 11 de las 12 adolescentes que quedaron embarazadas cuando cursaban el último año de secundaria en el colegio Ayacucho de La Paz en 2013. En aquella ocasión los padres de familia, profesores y autoridades de esa institución educativa aprobaron una resolución interna que establecía que las menores en estado de gravidez debían estudiar en una escuela nocturna. Y si bien tras la presión de la opinión pública decidieron dejar sin efecto tal determinación, la mayoría de ellas decidieron interrumpir sus estudios por la presión social.

Por otra parte, como bien alertan distintos estudios, el embarazo adolescente es una de las principales causas detrás del abandono de los niños, de la violencia de los padres contra sus hijos, de la desintegración de las familias y su escasa movilidad social. Tampoco se puede olvidar que la gestación en la adolescencia tiene consecuencias importantes en la salud. Según estimaciones del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa), al año mueren cerca de 70.000 jóvenes en países en desarrollo debido a las complicaciones y abortos mal practicados. Y a ello se debe sumar el hecho de que el bajo peso al nacer, la desnutrición y los procesos infecciosos son significativamente mayores entre los hijos de adolescentes, quienes además enfrentan mayores riesgos médicos.

Por todas estas razones, constituye una muy buena noticia el hecho de que en las últimas dos gestiones el número de embarazos adolescentes en el país se haya reducido en 3,6%, al pasar de 85.500 en 2014 a 82.416 en 2015, según datos del Sistema Nacional de Información en Salud. Si bien el número de embarazos adolescentes sigue siendo extremadamente elevado en el país, de hecho es uno de los más altos de la región, cualquier avance en esta materia debe ser resaltado, pues revela que las políticas están dando buenos resultados. De todas maneras se deben incrementar los esfuerzos para contrarrestar los múltiples factores sociales, familiares y personales que hacen posible la reproducción de este fenómeno, siendo la falta de información sobre sexualidad y cómo protegerse adecuadamente uno de los más relevantes.

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