Editorial

Encuentros ‘casuales’

Aseguran que la fuga de Soza tendría como consecuencia la anulación del juicio

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

03:19 / 25 de marzo de 2014

La reciente fuga del exfiscal Marcelo Soza, encargado del llamado caso Terrorismo, ha generado no solo una fuerte controversia, sino también especulaciones y, lo más relevante, algunas implicaciones tanto para la justicia como para el mencionado caso. No es un dato menor que el tema haya concentrado el debate político y la agenda informativa durante varios días.

La “noticia” más reciente sobre el asunto tiene como fuente a Otto Ritter, abogado de uno de los involucrados en el juicio. Según dice, estaba paseando “de ocioso” en un centro comercial de Brasilia y de pronto se encontró ¡con el fugado Soza!, que también deambulaba por el lugar. La casualidad puede ser muy oportuna y generosa. Como resultado del encuentro, Soza le habría confesado a Ritter que huyó hasta Perú con ayuda del Gobierno. Su destino era Venezuela, pero él decidió desviarse a Brasil.

El inverosímil relato del abogado Ritter abona “evidencia”, de fuente directa, en torno a una hipótesis manejada por la oposición político-regional: que el gobierno de Evo Morales hizo escapar al exfiscal para protegerlo, pues su situación “era muy comprometida”. Claro que la oposición también tiene la hipótesis contraria: que el Gobierno quería deshacerse de Soza ante lo cual éste, para cuidar su seguridad, decidió refugiarse en otro país. En medio se sitúa la carta atribuida a Soza en torno al caso.

Para el Gobierno, según el presidente del Senado, el “casual” encuentro entre Soza y Ritter en la ciudad brasileña demuestra que existe una conspiración en curso para “hacer fracasar” el caso Terrorismo. Así al menos lo han estado demandando los implicados en el juicio. Aseguran que la fuga de Soza tendría como consecuencia la anulación del juicio y, más todavía, la invalidación de las pruebas existentes. Como si un delito se extinguiese por las confesadas extorsiones y desviaciones del acusador.

La otra implicación de la fuga de Soza tiene que ver con el malogrado sistema de administración de justicia en el país. Por un lado está el intercambio de acusaciones entre el Órgano Judicial y el Ministerio Público: el fiscal acusa al juez por la huida de Soza y éste dice que aquél suspendió dos veces la audiencia de medidas cautelares. El resultado de la inacción de ambos es indefendible. Por otro lado está la demanda opositora de que el caso sea tratado por algún organismo internacional.

¿Qué sigue en relación a Soza? ¿Se logrará su pronta extradición? ¿Obtendrá acaso refugio permanente en Brasil bajo alguna figura de “perseguido político”? ¿Cómo incidirán sus declaraciones? ¿Y cuál será el rumbo del caso Terrorismo, tan golpeado por su dilación y comprobados vicios procedimentales? ¿Se aclararán los confusos hechos del hotel Las Américas? ¿Se tendrá sentencia contra quienes hace cinco años habrían sido parte de una voluntad separatista? Demasiadas preguntas sin previsibles respuestas.

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