Editorial

Escuela de canes

Esta academia ha desarrollado un método lúdico reconocido por propios y extraños.

La Razón

01:42 / 01 de abril de 2012

En efecto, según nos cuenta hoy un reportaje de la revista Escape, no sólo agentes bolivianos sino también extranjeros llegan regularmente para formarse, junto con los canes que nacen y se crían en esa academia. El curso dura tres meses y aquellos que lo aprueban se llevan no sólo un cartón, sino también un compañero canino de probadas aptitudes. Camarada que, no cabe duda, se convertirá en su principal aliado contra las drogas y en su mejor amigo, de por vida.

La principal particularidad del método boliviano consiste en desarrollar el instinto que todos los animales tienen hacia el juego. Allá por los 80, los pioneros en este entrenamiento muy pronto se dieron cuenta que los perros, al igual que sus amos, hacen bien aquello que les apasiona practicar. Desde entonces, sus seguidores fueron perfeccionando este método lúdico, que empieza cuando los cachorros están aún en el vientre materno.

A diferencia de lo que muchas personas piensan, a los perros detectores de droga no se los vuelve adictos para que busquen y encuentren estupefacientes. Se intenta más bien desarrollar y posteriormente asociar su “adicción” naturalmente hacia el juego con la pesquisa de diferentes sustancias, ya sean drogas, explosivos u otros. De ahí que cuando, por ejemplo, uno de los canes adiestrados en Cochabamba se pone a olfatear maletas en busca de estupefacientes, lo que en realidad está rastreando es su juguete favorito. Y quién mejor que un niño obsesionado con el fútbol para encontrar su pelota; tanto más efectivo por cuanto este niño de cuatro patas cuenta con 220 millones de células olfativas en su hocico.  

Pero para que los canes puedan sentirse a gusto con este juego y alcancen la excelencia necesitan asimismo compañeros igual de entusiastas.

De ahí que otra de las particularidades de esta academia sea la de trabajar con personas no sólo pacientes y disciplinadas, sino también alegres, imaginativas y que sobre todo amen a los animales.

De allí que algunos agentes antidrogas, acostumbrados a los garrotes antes que a las zanahorias, probablemente se sientan desilusionados con este método lúdico y afectivo. No obstante, esta desilusión sin duda quedará muy pronto olvidada, no sólo por los resultados (en el primer semestre de 2011, estos perros ayudaron a incautar más de 2.000 kilogramos de cocaína y 140 mil de marihuana en el país); sino sobre todo por la certeza de que no hay mejor trabajador que aquel que siente pasión por su trabajo.

Ciudad de baches

El problema es común en varios barrios de la ciudad: la Empresa Pública de Servicios Agua y Saneamiento (EPSAS) hizo reparaciones afectando calles y avenidas, y en no pocos casos dejó la calzada abierta, obstruyendo la circulación de vehículos y peatones. El retraso en la reposición del asfalto o del adoquinado tiene en algunos casos varias semanas de antigüedad.

Consultado por este diario al respecto, el Gerente de Operaciones de la empresa del agua explicó que cada arreglo es diferente y que si se presentaron retrasos se debe a que hubo una mala intervención, por lo que las cuadrillas de obreros deben retornar, o porque la empresa contratista que repone el asfalto demora. En cualquier caso, el perjuicio para la ciudad es evidente y el control de EPSAS a sus contratistas se muestra poco eficaz.

No es la primera vez que se hace notar en esta página las debilidades de la empresa encargada de dotar de agua potable a las ciudades de La Paz y El Alto, debido a que EPSAS padece un defecto estructural que le impide atender eficazmente la demanda de servicios de agua y saneamiento: nació como empresa de transición y hasta ahora no ha sido reemplazada por una nueva. Gobierno central y municipales de La Paz y El Alto no deben seguir postergando un solución definitiva.

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