Editorial

Escuelas rurales

Muchos niños deben caminar más de cuatro horas diarias para completar sus estudios

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:05 / 08 de agosto de 2015

Para nadie es desconocido que la situación educativa en el norte de Potosí y en otras regiones alejadas de los principales centros urbanos del país es alarmante. El nivel de enseñanza, así como las condiciones económicas y sociales son similares a los de los países más pobres del mundo. La falta de recursos didácticos y humanos agrava considerablemente el problema.

Por caso, el domingo anterior La Razón publicó un reportaje sobre Eusebia, una niña de nueve años de origen quechua que evitó el cierre de su escuela, en la comunidad potosina de Macha Cruz K’asa, gracias a su perseverancia e interés por los estudios. Su testimonio fue recogido por el Centro Boliviano de Investigación y Acción Educativas (Cebiae), como parte de un proyecto que intenta visibilizar, a través de documentales, la difícil situación que se vive en Torotoro y en otros municipios alejados, a fin de interpelar a las autoridades en particular y a la sociedad en general con el propósito último de contribuir a mejorar las condiciones educativas de las poblaciones rurales.

Gracias a este emprendimiento se pudo conocer la historia de Eusebia, quien cada día camina tres horas para poder asistir a la escuela núcleo de Torotoro. En un principio ella era la única alumna, y para no sentirse sola a veces llevaba consigo a su sobrino de cuatro años. En febrero, el consejo del núcleo educativo decidió cerrar la escuela con el argumento de que no había alumnos. Sin embargo, Edmundo Jachacata, un dirigente anciano de la comunidad, se opuso y les recordó que Eusebia asistía regularmente. Esta posición fue reforzada por el profesor, Eduardo Ticona, quien se puso a tocar puerta por puerta en busca de nuevos alumnos y así garantizar la continuación de los estudios de su única alumna. Hoy, gracias a estas personas, a la escuela asisten regularmente nueve niños, cuyas edades oscilan entre los cuatro y los 12 años. Cada 15 días, Ticona camina hasta Torotoro para abastecerse de los insumos que le permiten preparar el almuerzo a sus alumnos, con los que comparte varias horas al día.

Un testimonio ciertamente conmovedor, que nos recuerda que aún son muchos los niños y niñas que deben caminar más de cuatro horas diarias para completar sus estudios de primaria y de secundaria, desperdiciando la mayor parte de su tiempo y energía en el camino, pues en no pocos municipios solamente las unidades de núcleo ofrecen educación completa. Por ello muchos padres prefieren interrumpir el estudio de sus hijos y ocuparlos en labores campestres o trabajos domésticos. Situación que se agrava en el caso de las niñas, ya que los padres prefieren invertir en la educación de los hijos varones antes que en la de las mujeres. De allí la importancia de emprendimientos y documentales como los que está elaborando el Cebiae, por cuanto el reconocimiento de estas deficiencias es el primer paso para superarlos. 

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