Editorial

Espionaje sin límites

La reunión del  G-20, esta semana en Rusia, será escenario de inéditas tensiones

La Razón / La Paz

00:48 / 04 de septiembre de 2013

Si todavía quedaban dudas acerca de las razones por las que Estados Unidos había desatado una persecución global contra Edward Snowden, por filtrar miles de documentos que demuestran las operaciones de espionaje que realiza ese país en todo el mundo, la información conocida en Brasil este fin de semana da una idea del daño que estas filtraciones provocan.

En efecto, cuando, meses atrás, comenzaron a publicarse las revelaciones de Snowden respecto de las operaciones de monitoreo y vigilancia que desarrolla desde hace al menos una década la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por su nombre en inglés) de EEUU, los portavoces del Gobierno y del Congreso de ese país coincidieron en señalar que se trataba de operaciones amparadas en sus leyes de seguridad nacional y contra el terrorismo, que no se estaba violentando la privacidad de las y los ciudadanos estadounidenses y que dichas tareas servían para evitar posibles amenazas.

Ya entonces resultó evidente que ese discurso era como decirle a la población del planeta que el mundo entero es un lugar poco seguro para EEUU, y así lo hicimos notar al comentar el caso. Pero más pronto que tarde se hizo público que el problema era aún mayor, pues se supo que el poderoso servicio de Inteligencia estadounidense no sólo estaba interceptando comunicaciones de posibles terroristas, sino en general todo tipo de comunicaciones, con especial énfasis en las que provienen de personas vinculadas al Gobierno o al servicio exterior de los países.

La revelación causó comprensible malestar en Francia y Alemania, por citar a dos “socios” estadounidenses que se supieron engañados en los ámbitos de discusión sobre asuntos comerciales, lo que sin embargo no fue óbice para que uno de ellos accediera al injustificable pedido de impedir el paso del avión del Presidente boliviano por su espacio aéreo por la sola sospecha de que transportaba al perseguido Snowden.

Ahora, la más reciente revelación, una más de las muchas que tiene en sus manos el periodista británico que desde Brasil dosifica la información transmitida por el exanalista, hoy refugiado en Rusia, demuestra que la Presidenta de Brasil y el entonces candidato a mandatario de México fueron escuchados por los espías estadounidenses, y no porque esos países supongan una amenaza a la seguridad del país del norte, sino para obtener información estratégica para su Departamento de Estado.

Es, pues, fácil imaginar que la reunión del G-20, esta semana en San Petersburgo, Rusia, será escenario de inéditas tensiones, ya que es difícil que Brasil y México, asistentes a la reunión, eviten hacer público su reclamo, que debería ser respaldado por el resto de los asistentes, que sin duda también han sido afectados por esta operación que hasta ahora sólo ha mostrado el peor rostro del país del norte.

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