Editorial

Exceso de cesáreas

El parto natural implica menos riesgos y muchas más ventajas que una cesárea

La Razón / La Paz

00:04 / 15 de abril de 2013

Según estimaciones del Ministerio de Salud, cuatro de cada diez niños que nacen en Bolivia lo hacen a través de un corte en el vientre de la madre. Que un 40% de los nacimientos se produzca por cesárea, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no pasar del 15%, indica que algo se está haciendo mal en los centros de salud del país.

Además, dependiendo del lugar que se elija para dar a luz, la probabilidad de hacerlo por cesárea aumenta peligrosamente, ya que la incidencia en el sector privado es mayor, según advierte el Director Nacional de Salud en un reportaje publicado el domingo 7 en este diario.

En la seguridad social, más allá de una mayor comodidad para los empleados sanitarios y de la tendencia de aplicar una medicina defensiva, la mayor incidencia de cesáreas viene dada por la falta de diligencia para establecer protocolos y hacerlos cumplir. En cambio, en el sector privado las razones por las cuales se practican más cesáreas que partos naturales parecen claras: es una operación que se puede planificar, de modo que el alumbramiento no altera los planes, profesionales o privados, del equipo médico.

Adicionalmente, la factura es mucho más abultada (los costos oscilan entre $us 500 y $us 2.000), y no sólo por la intervención sino también porque la mujer debe permanecer internada entre dos y seis días.

A pesar de los mayores costos, cada vez son más las mujeres que deciden programar una cesárea, ya sea porque la consideran más segura, para evitar las alteraciones estéticas que se pueden producir con el parto vaginal, o porque lo asocian con sufrimiento y dolor; cuando en realidad ocurre lo contrario. En efecto, una cesárea, mientras no esté indicada, no está exenta de riesgos, pues se trata de una cirugía que se realiza bajo anestesia, en la que se llega al útero a través de una incisión transversal, que corta varias capas de tejido; y cualquier intervención conlleva siempre riesgo de infecciones. Además, implica una mayor probabilidad de retención de la placenta, así como de lesiones en las vías urinarias de la madre.

Por otra parte, una mujer sólo puede someterse a tres cesáreas, y después de la segunda, los elevados riesgos hacen que un parto natural sea imposible. De allí que, por principio médico, este tipo de intervenciones sólo debe hacerse para brindar una vía de nacimiento abdominal a un bebé que no puede nacer normalmente, o cuando haya otro tipo de complicaciones para la madre.

En cambio, el parto vaginal facilita la adaptación del bebé al medio externo; y para la madre significa menos dolor y un menor tiempo de recuperación; amén de disminuir el riesgo de lesiones abdominales así como de infecciones. Por éstos y otros motivos, urge que las autoridades sanitarias actúen para revertir esta tendencia.

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