Editorial

Exportaciones

Aún se tiene el tiempo y los recursos para evitar una hecatombe económica

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:32 / 09 de marzo de 2015

Las últimas cifras económicas proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) dan cuenta de que durante el primer mes de 2015 las exportaciones del país registraron una caída de aproximadamente 22% con relación a enero de 2014, con una reducción neta de $us 225 millones en los sectores de  minería, hidrocarburos, agropecuaria y manufacturas. Noticias inquietantes.

Es posible formular varias hipótesis respecto al mal desempeño en el comercio exterior nacional, que van desde la caída de los precios internacionales de las materias primas, petróleo y alimentos; hasta la contracción en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de las principales economías vecinas que demandan los productos bolivianos, en concreto Brasil y la Argentina. Independientemente de cuál sea la verdadera razón, el efecto es el mismo: contracción de ingresos.

Ahora bien, la reducción de divisas provenientes de la venta de gas, soya, quinua, zinc, plata, estaño o camisas (más allá del peso relativo que puedan tener estos productos) puede traducirse en una contracción  del crecimiento del PIB, una menor recaudación tributaria, presiones para la devaluación de la moneda nacional y una sutil pero arriesgada utilización de las Reservas Internacionales como fuente de recursos disponibles ante una eventual desaceleración del crecimiento económico.

De acuerdo con las explicaciones brindadas por las autoridades en materia económica y financiera, no hay posibilidad de que alguno o todos los factores anteriormente considerados afecten en alguna medida al desempeño económico del país, toda vez que éste se encuentra blindado a todo efecto de origen externo, además que el tamaño y relevancia del consumo interno es lo suficientemente robusto como para contener cualquier tipo de shock negativo proveniente allende a las fronteras nacionales.

Anuncio tranquilizador. Sin embargo, no está demás tomar algunas precauciones, porque al final, autoridad precavida da larga vida a la economía, y cualquier susto no pasa de ser más que una anécdota en tiempos de cólera. Entre las sugerencias para paliar cualquier contingencia se podrían considerar la racionalización temprana del gasto público, la creación de fondos de contingencia, la incorporación de nuevos contribuyentes (informales) al sistema tributario, inversión productiva pública y privada dirigida a la diversificación económica y, por último, algo muy deseado pero difícil de lograr en el corto plazo: industrialización.

Aún se tiene el tiempo y los recursos necesarios para evitar una hecatombe económica de proporciones épicas, pero para ello hace falta recoger primero las enseñanzas del pasado, que nos dicen que la economía es frágil y que está sujeta a caprichos cíclicos desde su misma existencia. Primeras lecciones de cualquier tratado de economía.

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