Editorial

Feminicidio

Todavía falta mucho para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:10 / 19 de octubre de 2014

Lo sucedido el martes por la noche en Trinidad, ya comentado el viernes en esta misma página, es una nueva herida abierta a cuchilladas en el cuerpo de la sociedad.

Las condiciones de la tragedia, tan parecidas al realismo mágico que en la literatura conmueve tanto, nos recuerdan que detrás del asesinato de una joven mujer hay siempre un problema de grandes magnitudes.

Días atrás dijimos que el origen del crimen está en la perversa noción de “propiedad” que algunos hombres tienen sobre sus parejas, y que es imperioso establecer políticas públicas de largo aliento para erradicar las múltiples manifestaciones de la cultura machista, misógina y patriarcal. Precisamente, las causas estructurales de los problemas de discriminación hacia más de la mitad de la población pues la sufren, además de las mujeres, todos aquellos con una sexualidad diferente a la esperada para un “hombre”.

Como coincidiendo con la tragedia, el Gobierno había promulgado ese mismo día el decreto reglamentario de la Ley 348, Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, promulgada el 8 de marzo de 2013, y que permite tipificar como feminicidio, con todas las agravantes que ello implica, el asesinato de mujeres.

Ha sido precisamente esa figura penal la que permitió, dos días después, la condena a pena máxima para el asesino feminicida.

Pero así como hay ejemplos de que la ley significa un avance de gran importancia, pues nunca más las atrocidades como la cometida en Trinidad serán calificadas como “emoción violenta”, atenuante del delito penal basado en un inexistente derecho de los varones a perder el control cuando “disciplinan” a sus parejas, también se hace evidente una vez más que hay que tratar las carencias morales de la sociedad.

La violencia de género ha estado naturalizada durante mucho tiempo, y recién ahora comenzamos a reconocer que cuando una persona de sexo femenino es asesinada por el solo hecho de ser mujer se trata de un crimen mucho peor que el solo asesinato. Sin embargo, es probable que gran parte de la población ahora esté aprendiendo esta distinción.

Así, hay que recordar que el verdadero esfuerzo despatriarcalizador consiste en cambiar las condiciones en las que hasta ahora se ha podido reproducir la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos de la vida, incluyendo sobre todo al simbólico. Pero también enseñando a las personas a defender la vida a toda costa, y no como en Trinidad el martes, cuando varias personas fueron testigos del asesinato, pero hicieron poco o nada para impedirlo, aparte de tomar imágenes con sus teléfonos inteligentes.

Hay, pues, mucho que aprender del asesinato de Vanesa Pedraza: que las mujeres siguen siendo vulnerables al acoso de sus parejas o exparejas, y que todavía falta mucho para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia