Editorial

Fiebre amarilla

La Razón (Edición Impresa)

00:27 / 25 de julio de 2017

Por su gran facilidad para transmitirse y su elevada tasa de mortalidad, durante muchos años la fiebre amarilla fue una de las enfermedades más peligrosas en aquellos países donde es endémica, como Bolivia. De hecho, esta dolencia, que se originó en África y se trasladó a regiones tropicales de América durante los siglos XVI o XVII con el tráfico de esclavos, diezmó poblaciones enteras, principalmente de origen europeo que no habían desarrollado defensas. Por ejemplo, según el investigador Alfred J. Bollet, el triunfo de la Revolución haitiana de 1802 fue posible porque más de la mitad de las tropas llegadas de Francia para reprimir la revuelta fallecieron por causa de la fiebre amarilla.

Sin embargo, en 1881 el médico cubano Carlos J. Finlay descubrió el principal factor de transmisión: el mosquito Aedes aegypti; y en 1936 el sudafricano Max Theiler desarrolló una vacuna. Gracias a estos dos avances esta enfermedad por fin logró ser contenida, aunque todavía cada año se contagian unas 200.000 personas, de las cuales 30.000 fallecen, según estimaciones de la OMS. Respecto al país, en lo que va del año al menos tres personas han muerto por esta dolencia, lo que pone en evidencia la necesidad de reforzar las campañas educativas y de salud, de tal manera que no exista ningún boliviano que no sea vacunado contra la fiebre amarilla.

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