Editorial

Filemón Escóbar

El líder minero se marchó, incluso poco después de renacer; ese fue su legado.

La Razón Digital

00:11 / 08 de junio de 2017

La partida de Filemón Escobar (1934-2017) marca el fin de una generación que se propuso transformar el país sobre la base de la participación ciudadana. Su legado, según quienes atestiguaron su marcha por esta vida, es parte de una memoria colectiva aún vigente. Este notable dirigente minero, con sus luces y sombras, supo renacer, incluso antes de marcharse de este mundo.

Filipo, como era conocido entre sus seres queridos, perdió la mitad de uno de sus pulmones hace 10 años luego de una operación en Chile, según acaba de revelar su esposa, Olga Vargas. Pero el cáncer reapareció hace un año y el último mes sufrió una fuerte neumonía, que no pudo superar. “Nadie en la casa consideraba su muerte”, apuntó su hijo César Escóbar. De hecho, se marchó a los 82 años, dejando una huella clave en la historia de Bolivia de la segunda mitad del siglo XX y los primeros años de esta centuria.

La figura de Filemón Escobar, fuertemente vinculada con la Marcha por la Vida de 1986, pasó a formar parte del panteón de una generación de líderes sindicales que se propuso nada menos que transformar el país, a través de una revolución sustentada en la participación social.

“Compañeros marchistas, es imposible romper el cerco militar”, afirmó el dirigente minero de Catavi el 28 de agosto de 1986, a través de un vetusto megáfono, dirigiéndose a miles de trabajadores que habían llegado a Calamarca, un pueblo ubicado a la vera del camino, 60 kilómetros antes de llegar a La Paz. En efecto, cientos de pertrechados soldados, aviones y helicópteros de las Fuerzas Armadas volando a baja altura sobre las cabezas de los marchistas eran parte de la escena. “Si seguíamos, hubiera sido una masacre”, afirmaba Escóbar, luego, cuando le tocó rendir cuentas.

Este llamado a la retirada implicó la caída del poder sindical de los trabajadores del guardatojo, pero dio lugar a un proceso de resistencia social que se incubó de muchas maneras. “Es el último dirigente. Simón Reyes, Juan Lechín, César Lora, Isaac Camacho han muerto en diferentes circunstancias, en la lucha unos, y otros por enfermedad como Filemón, ellos representan toda una etapa del movimiento obrero que fue derrotado en 1986 con la relocalización en las minas y la flexibilización laboral en las fábricas”, comentó ayer Miguel Lora, exdirigente del magisterio.

Escóbar se reinventó luego en el Movimiento Al Socialismo (MAS) y pasó a ser formador político y a proyectarse en el mundo indígena para comprenderlo y empoderarlo.

La marcha que Filipo protagonizó por esta vida fue una reinvención permanente sobre la base de procesos históricos siempre complejos e imprescindibles para la Bolivia de hoy. De hecho, Escóbar, entre luces y sombras, supo renacer incluso poco antes de marcharse. Se fue sin los honores de Estado, alejado del MAS y de Evo Morales.

 

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