Editorial

Fracasos humanos

Cada año el mundo desperdicia 1.300 millones de toneladas de alimentos.

La Razón (Edición impresa)

08:36 / 16 de septiembre de 2013

Hace una semana, el papa Francisco afirmó que la guerra es un fracaso de la humanidad; días después, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, usó la misma idea para señalar que la tragedia en Siria es un fracaso de toda la comunidad internacional. Pero el mayor fracaso lo ha señalado la FAO: cada año el mundo desperdicia 1.300 millones de toneladas de alimentos.

Según un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), publicado el  pasado miércoles, 1.300 millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente, y señala que “esto es intolerable en un mundo en el que 870 millones de personas pasan hambre”.

El desperdicio de alimentos, además del gran coste económico, causa “un grave daño a los recursos naturales de los que la humanidad depende para alimentarse”. En total, explica el documento, “las consecuencias económicas directas del desperdicio de alimentos (sin contar pescado y marisco) alcanzan el valor de $us 750.000 millones”.

En uno de sus capítulos, el informe describe el desperdicio de alimentos desde una óptica medioambiental, centrándose de forma específica en sus consecuencias para el clima, el uso del agua y el suelo, y la biodiversidad. Entre sus principales conclusiones destaca que los alimentos que la humanidad produce pero luego no come consumen un volumen de agua equivalente al caudal anual del Volga (el río más caudaloso de Europa, en Rusia) y son responsables de añadir 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta.

Geográficamente, Asia es donde más cereales se desperdician; mientras que el 80% del total de despilfarro de la carne tiene lugar en los países de ingresos elevados (responsables de cerca del 67%) y Latinoamérica; finalmente, el desperdicio de fruta y hortalizas contribuye de manera significativa al despilfarro de agua en Asia, Europa y Latinoamérica.

En su informe, la FAO denuncia que en los países desarrollados “las normas estéticas y de calidad llevan a los minoristas a rechazar grandes cantidades de alimentos perfectamente comestibles”. También indica cómo en los países en desarrollo se desperdician muchos alimentos tras la cosecha o en la fase inicial de la cadena de suministro, por “las limitaciones financieras y estructurales en técnicas de recolección y en infraestructura de transporte y almacenamiento, junto a condiciones climáticas que favorecen el deterioro de los alimentos”.

Entre las recomendaciones para resolver esta tragedia alimentaria, la FAO señala que los alimentos deben ser reutilizados “dentro de la cadena alimentaria humana”, algo tan simple como dárselos a quienes no tienen comida.

Es, pues, evidente que acabar con el hambre en el mundo no pasa por producir más alimentos, sino por distribuirlos mejor. No hacerlo es demostrar que la humanidad fracasa cotidianamente.

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