Editorial

Fuego en Palmasola

De nueva cuenta un incendio pone en relieve las carencias que existen en los penales del país

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 18 de agosto de 2015

De nueva cuenta un incendio en la cárcel cruceña de Palmasola ha puesto en relieve las penurias y carencias de las que adolecen, en mayor o menor medida, los penales del país. La tragedia ocurrió la madrugada del domingo, luego de que se incendiase la carpintería de ese recinto penitenciario, causando ocho heridos con quemaduras de primer y segundo grado.

A diferencia de lo que sucedió hace dos años, cuando un grupo de internos agredió con objetos punzocortantes y armas de fuego a otra banda rival antes de quemar el pabellón donde dormían, causando la muerte de 35 personas y más de un centenar de heridos, en esta ocasión todo parece indicar que el incendio se debió a una falla en el sistema eléctrico o por un cigarrillo o una vela que dejaron encendidos.

Sin embargo, no se descarta que el fuego haya sido provocado, pues tras el incidente aparecieron restos calcinados que los reclusos atribuyeron a un reo brasileño que estaba cumpliendo una condena de 30 años por asesinato; no obstante, las autoridades descartaron está hipótesis y han declarado la alerta por la desaparición del súbdito brasileño, y actualmente se están realizando exámenes para determinar si los restos corresponden a una persona o a un animal.

En cualquier caso, este incendio nos recuerda que la mayoría de las instalaciones penitenciarias, por no decir todas, carecen de las mínimas normas de seguridad para evitar que tragedias de esta naturaleza ocurran y se expandan con facilidad. Carencia que dicho sea de paso también se presenta en muchas oficinas, centros comerciales y locales de entretenimiento de la sociedad civil, lo que constituye un serio peligro para la población, en especial en ciudades que están cerca del nivel del mar, como Santa Cruz o Trinidad, donde es muy sencillo que cualquier objeto arda al menor descuido.

De regreso a Palmasola, cabe señalar que la carpintería que se incendió fue construida por los propios reos, por lo que no sorprende la ausencia de medidas de seguridad contra incendios como extintores o sistemas de detección de humo. Además, para colmo de males constituía el único espacio que tenía ese inmenso recinto penitenciario (el más grande del país, con más de 5.200 internos) para realizar terapias ocupacionales. Algo fundamental para promover la rehabilitación de los reclusos y conservar la tranquilidad en los penales.

Este hecho pone en evidencia no solo las carencias en las cárceles, sino también la imperiosa necesidad de adoptar una visión distinta en el sistema carcelario del país, de tal manera que los centros penitenciarios sirvan no solo para recluir a los antisociales, sino también y sobre todo para rehabilitarlos. De lo contrario, los penales seguirán siendo la mejor escuela de delincuentes, lugares donde los jóvenes y no tan jóvenes son formados en el mundo del hampa por los propios expertos.

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