Editorial

Gays en los cuarteles

Esta intolerancia y represión muchas veces se traducen en actos de violencia

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:08 / 26 de agosto de 2014

No es fácil ser gay, militar y vivir en Bolivia. La anterior afirmación corresponde a un testimonio publicado en el último reportaje de Informe La Razón, que da cuenta de las diferentes dificultades que deben atravesar todos aquellos que manifiestan una orientación diferente a la heterosexual y a la vez forman parte de las Fuerzas Armadas (FFAA).

En efecto, se sabe que la castrense es una de las instituciones más tradicionales y machistas del país, y que el homosexualismo, al igual que el resto de las inclinaciones sexuales diferentes, es un tabú dentro de los cuarteles del Ejército, la Fuerza Naval y la Fuerza Aérea. Claro ejemplo de ello es que hasta ahora ningún militar boliviano se ha declarado abiertamente homosexual. Y no precisamente porque todos sean heterosexuales, sino por los prejuicios y represalias que una decisión de esta naturaleza ocasionaría.

Por ejemplo, uno de los temores del joven universitario que enunció la frase que da inicio a este texto es que su pareja, capitán del Ejército, pierda su trabajo y sea dado de baja si es que sus superiores se llegan a enterar sobre su verdadera orientación sexual.

No se trata de un temor infundado, pues, tal como confirmó una fuente de las FFAA que accedió a conversar con La Razón bajo anonimato, es un secreto a voces que a los militares que manifiestan actitudes homosexuales se los envía a poblaciones fronterizas o simplemente se los da de baja. De hecho, el capitán de esta historia recibió una advertencia, a modo de memorándum, por el hecho de haber asistido a un boliche frecuentado por gays.

Dentro de los cuarteles también es frecuente el hostigamiento a quienes manifiestan actitudes amaneradas con el propósito de que deserten, protagonizado no solo por los superiores, sino también por los propios compañeros, según asegura la presidenta nacional de la Organización de Travestis, Laura Libertad, quien sufrió en carne propia este tipo de abusos cuando hizo su servicio militar, a los 18 años.

Por toda esta persecución no sorprende que los militares homosexuales no salgan del clóset. Sin embargo, esto no significa que no existan actitudes de esta naturaleza dentro de los cuarteles. De hecho, de acuerdo con Libertad, gozan de muy buena salud, y no solo entre los conscriptos, pues existen altos mandos que aprovechan su investidura para tener relaciones sexuales con soldados y otros oficiales.

Como es de suponer, la intolerancia, doble moral y represión muchas veces se traducen en actos de violencia, dentro y fuera de los cuarteles, y no solo contra los homosexuales, sino también en contra de los que se les asemejan, como las mujeres y los niños. Urge, por tanto, corregir los prejuicios castrenses y la formación de los cadetes, inculcándoles la importancia de respetar los derechos humanos de todos los ciudadanos.

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