Editorial

Gran Poder 2014

Ojalá que este año la fiesta no se vea empañada por la destrucción del patrimonio natural

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

04:19 / 14 de junio de 2014

La Paz celebra hoy una nueva versión de la entrada del Señor del Gran Poder, con la participación de aproximadamente 40.000 bailarines, distribuidos en 65 fraternidades. Esta festividad, que se inició como una fiesta de barrio a principios del siglo XX, no solo es una de las manifestaciones culturales más importantes del país, sino también uno de los eventos más rentables.

En efecto, se estima que el año pasado movilizó al menos $us 30 millones, generando un efecto multiplicador entre músicos, artesanos, el comercio de telas, bebidas alcohólicas, comida, servicio de seguridad, limpieza y otros servicios. De esta cifra, según estimaciones de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Gran Poder, cerca de la mitad corresponde a la inversión en la que incurrieron los bailarines por la confección de sus trajes, festejos previos y la compra de joyas preciosas.

Este expendio, que puede parecer excesivo, permite comprender uno de los sentidos detrás de esta fiesta, interpretado por algunos investigadores como una expresión de reconocimiento de las élites emergentes, actores tradicionalmente discriminados en tiempos pasados que ahora buscan reconocimiento entre propios y extraños.

En cuanto a las características culturales, si bien la influencia aymara en esta celebración es evidente, se trata de una representación muy dinámica, en la que múltiples tradiciones, maneras de ver y de vivir en la sociedad se expresan y al mismo tiempo se construyen y transmiten.  Uno de los aspectos más interesantes de este universo simbólico se encuentra en la organización detrás de estas fraternidades, que ingresan y permanecen ordenadas durante todo el recorrido por filas y escuadrones. Orden que se mantiene gracias a la existencia de jerarquías al interior de las fraternidades. Por ejemplo, cualquiera puede participar entre un sinnúmero de danzas, pero no todos pueden bailar morenada. Como bien reza una de sus melodías, primero se debe tener “platita”, y ocupar una situación privilegiada dentro de la burguesía aymara emergente.

Ahora bien, así como la fiesta permite leer procesos de reivindicación de sectores otrora marginados, también revela algunos de los vicios y desenfrenos de la población paceña, como el excesivo consumo de cerveza y de otras bebidas alcohólicas; la percepción de las vías públicas como ajenas, que son usadas como mingitorios; o la falta de valoración hacia la naturaleza, que se manifiesta en el empleo de plumas y pieles de animales, muchos de ellos en peligro de extinción, a pesar de las prohibiciones y campañas educativas. Al respecto, cabe recordar por ejemplo la matanza de al menos 250 flamencos que propiciaron en 2005 los bailarines de la fraternidad Tobas Villarroelistas para confeccionar sus trajes. Ojalá que este año la fiesta no se vea empañada por los excesos del alcohol ni por la destrucción del patrimonio natural de los bolivianos.

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