Editorial

Gremiales divididos

Hay, pues, un proceso de transformación evidente en el Gobierno Municipal alteño

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:46 / 01 de julio de 2015

La flamante Alcaldesa alteña ha comenzado a cambiar las relaciones entre el Gobierno Autónomo Municipal de El Alto y las organizaciones (algunos tratan de identificar en ellas cualidad de “movimientos”) sociales, que hasta hace muy poco tenían control sobre las decisiones municipales. Ayer fueron las juntas vecinales y hoy son los gremiales quienes aceptan los cambios.

En efecto, ni bien fue posesionada en el cargo, la Alcaldesa de El Alto, la más conspicua figura de la opositora Unidad Nacional (UN), tuvo que afrontar la presión de las dirigencias de las juntas vecinales que se opusieron desde el primer día a que designe a los subalcaldes. La estrategia de presión contra la autoridad electa comenzó a desmoronarse cuando algunos dirigentes decidieron replantear su posición ante el gobierno local y, sobre todo, cuando comenzaron a menudear denuncias de corrupción contra los dirigentes defensores de los “usos y costumbres” de selección de las autoridades distritales.

Después de unas pocas semanas de conflicto, que incluyó paros movilizados y bloqueos de calles y avenidas, la dirigencia vecinal terminó por aceptar a los más de diez subalcaldes designados; resta ver si habrá o no renovación de dicha dirigencia, y si tras ese cambio opera alguna variación en esa suerte de ethos que iguala a la mayoría de las personas dotadas de liderazgo en las organizaciones sociales sin importar su orientación ideológica.

Algo similar está ocurriendo en la federación de gremiales, a la que se le “otorgó” la potestad de cobrar, a nombre de la Alcaldía, las tasas de sentaje de todos y cada uno de los comerciantes callejeros de la populosa urbe. Es fácil imaginar que esta suerte de intermediación entre el gobierno local y los comerciantes redituaba beneficios a los dirigentes, uno de los cuales fue el primero en prometer a la Alcaldesa que haría de su vida un “infierno”.

Hoy ese dirigente está cuestionado por sus propias bases y corre el riesgo de ser desplazado por otro gremial dotado de liderazgo, dispuesto a aceptar la decisión del Gobierno Municipal alteño de retomar el trabajo de la recaudación por sentaje, aunque la jefa de la Unidad de Asentamientos ha dicho que todavía se está estudiando el cómo implementar este cambio. En su defensa, el cuestionado ha advertido que está operando un cambio de dirigentes afines al MAS por otros próximos a UN. De ser cierto, habrá que ver si cambia o no el ya mencionado ethos dirigencial.

Hay, pues, un proceso de transformación evidente en el Gobierno Municipal alteño, y cabe hacer votos por que éste sirva para poner al día los muchos proyectos que la segunda ciudad más poblada del país merece. Orientar las transformaciones a favor de una corriente política y no de la población toda provocará una nueva frustración de inimaginables consecuencias.

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