Editorial

Guerreros digitales

Es evidente que una parte relevante de la disputa política hoy se libra en espacios virtuales.

La Razón (Edición Impresa)

08:14 / 16 de julio de 2018

Previendo que las elecciones presidenciales del próximo año van a ser una “batalla” en varios frentes, entre ellos el del campo discursivo, los partidos políticos están organizando sus equipos para la contienda. Uno de ellos son los denominados guerreros digitales, cuya misión es “combatir” (sic) en las redes sociales. No es un factor nuevo, pero se avizora intenso.

¿Por qué oficialismo y oposición apuestan por conformar y en su caso financiar grupos de activistas en las redes sociales digitales? Por varias razones. La primera es la constatación de que las redes tienen un amplio y creciente alcance, en especial entre las y los jóvenes. La segunda es que una parte relevante de la disputa política se libra en espacios virtuales. Y la tercera, señalada por especialistas, es que ninguna campaña electoral puede prescindir, hoy, de estrategias para gestionar las redes.

Así lo han entendido algunas organizaciones políticas en el país, que desde hace algún tiempo capacitan “guerreros digitales” para sustentar sus verdades (o mentiras) en diferentes plataformas en internet. Si bien el propósito declarado de estos equipos de activistas en redes es “difundir información” y “responder con argumentos”, lo cual en principio es saludable en democracia, la evidencia muestra que la interacción, a veces creativa, suele concentrarse en la difusión de ataques y falsedades.

Desde el Gobierno, a su vez, se ha puesto especial interés en sentar presencia en las redes sociales con mensajes favorables a la gestión del presidente Evo Morales. Se lo hace a través de una dirección general de redes sociales, que dispone de equipo y presupuesto para el efecto. Pensada como un mecanismo de difusión, consulta e interacción, esta instancia estatal ha sido poco clara e inestable en su trabajo. La oposición, con menos recursos, también hace lo suyo en algunas gobernaciones y alcaldías.

Ahora bien, asumiendo que las redes sociales digitales “llegaron para quedarse”, y que por su naturaleza y alcance no caben mecanismos de regulación ni de control, el reto en la contienda político-electoral apunta a intentar ocupar tales redes con adherentes. No es algo sencillo ni menor. Para lograrlo, los partidos requieren equipos articulados y capacitados que les permitan difundir mensajes eficaces en plataformas virtuales, interactuar con ciudadanos diversos y lidiar con los adversarios.

Más allá del desempeño cotidiano de los “guerreros digitales”, preocupa que las redes sociales, si bien tienen un importante potencial democratizador de la palabra, sin mediaciones, están contribuyendo a degradar la conversación pública. En las plataformas virtuales hay escaso debate plural e informado, y abundan descalificaciones, noticias falsas y mensajes de odio. Esto será más intenso y atropellado en el proceso electoral. Y, por ahora, no existen iniciativas serias para contrarrestarlo.

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