Editorial

Histórica cumbre

Es el primer acercamiento de ese nivel entre EEUU y Corea del Norte desde el armisticio de 1953.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 14 de junio de 2018

El lunes y el martes se realizó en Singapur una histórica reunión entre los presidentes de Estados Unidos, Donald J. Trump, y de la República Democrática Popular de Corea, Kim Jong-un. Es la primera vez que los mandatarios de ambos países se reúnen en persona y el primer acercamiento de ese nivel desde el armisticio hace 65 años.La opinión generalizada en los medios internacionales ha sido que el líder coreano fue quien más ganó con el encuentro, no tanto porque la declaración conjunta que se firmó al final de la reunión tiene un lenguaje que en el mejor de los casos puede calificarse de tibio, sino sobre todo porque Jong-un fue recibido como el par de Trump, y no como el dictador sanguinario que los medios de comunicación de casi todo el mundo muestran, lo cual le da legitimidad ante la comunidad internacional.

Abona a esa renovada imagen el entusiasmo con que el Presidente estadounidense se refirió a su interlocutor, señalando repetidamente su confianza en que el Mandatario coreano desea acabar con la confrontación de casi siete décadas entre ambos países “tanto como yo o incluso más”. A su vez, Kim Jong-un afirmó que tanto él como Trump decidieron “dejar el pasado atrás”.

Ambas afirmaciones tienen que ver con los cuatro puntos de la declaración, que se refieren a i) establecer nuevas relaciones entre ambos países, ii) unir esfuerzos para construir una paz “duradera y estable” en la península coreana, iii) trabajar para “la completa desnuclearización” de la península y iv) recuperar los restos de los combatientes desaparecidos en acción y de los prisioneros de guerra. Diversos analistas consultados por los principales diarios del mundo han coincidido en señalar que ninguno de los puntos tiene plazos ni métodos para hacerse efectivo.

La declaración tampoco menciona compromisos sobre el posible levantamiento de las sanciones que pesan desde hace décadas contra Corea del Norte, aunque en su conferencia de prensa Trump prometió suspender los ejercicios militares conjuntos que su país realiza cada año con Corea del Sur, anuncio que cayó mal en Seúl y en Tokio, que consideran tales prácticas como un baluarte de su seguridad.

Llamó también la atención la difusión de un video de cuatro minutos realizado por la Casa Blanca en el que se muestra, en tono de avance cinematográfico, a los dos líderes como paladines de la paz, al mismo tiempo que el mensaje urge al líder coreano a aceptar la pacificación y dar a su pueblo “prosperidad” o “volver al pasado”.

En cualquier caso, el encuentro es histórico y, sobre todo, trascendental, habida cuenta de que si se reafirman los compromisos y se construye una agenda para hacerlos realidad no solo desaparecería la última amenaza nuclear que está vigente, sino que además acabará el conflicto entre las dos Coreas, con todo lo que ello implica para esos pueblos.

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