Editorial

Histórica elección

El Vaticano ha mostrado su predisposición de abrirse a otras regiones, más allá de Europa

La Razón / La Paz

00:58 / 14 de marzo de 2013

Los feligreses católicos de la región están de fiesta. No es para menos. Por primera vez, un sacerdote latinoamericano estará a la cabeza de la Iglesia Católica. La decisión es también histórica porque un jesuita ocupa por vez primera la silla de San Pedro. Ojalá estos hechos inéditos, sumados a la elección del nombre del Sumo Pontífice, den pie a una nueva era en el Vaticano.

En efecto, contra todo pronóstico, el argentino Jorge Mario Bergoglio (de 76 años) fue elegido ayer como el nuevo Papa. Así, como nunca antes en la Historia, las primeras palabras de un papa fueron enunciadas en castellano: “Ustedes saben que el deber del cónclave era darle un obispo a Roma. Siento que mis hermanos cardenales fueron a buscarlo al fin del mundo. Les agradezco la bienvenida”, afirmó el sucesor de Benedicto XVI.

Un hecho por demás justo, habida cuenta que aproximadamente el 42% de los más de 1.200 millones de católicos que hay en el mundo vive en América Latina, cifra muy superior al 25% que suman los europeos que profesan la misma religión. Con este gesto, el Vaticano muestra su predisposición de abrirse a otras regiones, más allá de Europa. Además, rompe una suerte de ley no escrita que establecía que un jesuita no podía llegar a ser el Sumo Pontífice.

Por otra parte, el nombre que Bergoglio ha elegido para su pontificado (Francisco, a secas, en honor al famoso santo de Asís, que decidió abandonar la gloria terrenal por una vida de servicio, dedicada a los pobres) permite suponer que los esfuerzos del Vaticano se orientarán sobre todo hacia los más necesitados, y que es posible albergar la esperanza de que se presenten reformas en la curia romana, elitista y legalista por excelencia.

Llegado a este punto, cómo no recordar la magistral escena del filme Hermano Sol hermana Luna, cuando San Francisco de Asís, en una visita oficial al Pontífice de entonces, a través de un lenguaje sencillo, a la luz del Evangelio de Jesús y vistiendo harapos, cuestiona duramente el despilfarro y la pompa de los obispos y de los cardenales, que viven una vida dispendiosa, plagada de formalismos, totalmente alejados de las necesidades —físicas y espirituales— de la gente. Interpelación que es leída por la curia romana como una grave afrenta, pero que llega a conmover el corazón del Papa, endurecido por tanta opulencia.

Una visión que sin duda comparte el propio Bergoglio. Un hombre modesto, de origen humilde, que, según comentan sus feligreses, ha sobresalido por sus discursos claros y sencillos, que denuncian la pobreza y la corrupción; acostumbrado a cocinar su propia comida y a trasladarse en metro para llegar a la catedral argentina. El tiempo dirá si, efectivamente, el argentino Jorge Mario Bergoglio, otrora arzobispo de Buenos Aires, es el Papa que estaba esperando el mundo.

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