Editorial

Horror en Cobija

¿Qué estamos haciendo hoy, colectiva e individualmente, para proteger a la niñez?

La Razón / La Paz

00:27 / 26 de julio de 2012

Hay crímenes incomprensibles, concebidos por mentes enfermas cuya lógica escapa a cualquier explicación de orden moral. Son casos de horror que se ensañan con los sectores más vulnerables, los niños, y que se repiten cada cierto tiempo, poniendo en cuestión la supuesta evolución del hombre moderno, incapaz de admitir que la nuestra sea una época de decadencia.

Años atrás, en agosto de 1999, los habitantes de La Paz fueron testigos de uno de estos hechos, luego de que el cuerpo de Patricia Flores, una niña de diez años, fuese encontrado sin vida en un sótano de su escuela, con rastros de una brutal violación. Hasta hoy, este asesinato no ha sido resuelto. Entre las diferentes conjeturas que se manejan, se baraja la hipótesis de que, detrás de la investigación inicial, grupos de poder hayan obrado para inculpar a inocentes y así librar al o a los verdaderos culpables.

Mientras la sociedad en general, y los padres de Patricia Flores en particular, esperan que se haga justicia, en el país se abre una nueva página de horror con un caso similar. Lamentablemente, esta vez le tocó a la capital de Pando ser testigo, el pasado fin de semana, del asesinato de un niño de nueve años, que murió por asfixia después de haber sido violado.

Según el informe forense, su cuerpo, hallado en unos matorrales detrás del cuartel de las Fuerzas Armadas, presentaba signos de un brutal maltrato, que se ensañó con el cuello y las partes íntimas del menor. Los padres del muchacho aún no fueron contactados; se presume que son y se encuentran en el interior del país. No obstante, algunos vecinos de la capital pandina identificaron al menor, quien supuestamente trabajaba como voceador de minibús en el día, mientras que en las noches se dedicaba a cuidar automóviles.

Al igual que hace más de diez años en La Paz, la población de Cobija se halla consternada; y el martes decidió manifestar su indignación por medio de una marcha de protesta, exigiendo el pronto esclarecimiento de este caso, y medidas contra este tipo de crímenes que atentan contra la integridad de los menores.

Al respecto, cabe preguntarse: ¿qué estamos haciendo hoy —colectiva e individualmente— para proteger a la niñez? Si observamos los atentados cotidianos perpetrados contra menores de edad (maltratos físicos y psicológicos, trata de menores, prostitución infantil, violaciones y crímenes atroces a manos de los propios progenitores), lamentablemente la respuesta avergüenza, pues evidentemente es: muy poco. Tal parece que frecuentemente nos olvidamos que es responsabilidad del Estado y de la sociedad en su conjunto garantizar la integridad física y emocional de los más pequeños, y que debemos alzar la voz frente a la vulneración de sus derechos, venga de quien venga.

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