Editorial

Imagen de la Policía

Para que haya más seguridad, cada uniformado debe ser respetado antes que temido

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:05 / 16 de marzo de 2015

Los anuncios sobre “la reestructuración” de la Policía no son nuevos. Si se revisan los diarios de la década de los años noventa, fácilmente se hallarán varias noticias como esa. De hecho, hace menos de un mes, el Gobierno informó que 5.147 uniformados saldrán a las calles a brindar seguridad. ¿Se ha sentido esta medida? ¿Qué siente un ciudadano cuando ve a un policía?

Los problemas que debe superar la institución del orden son estructurales, suelen alegar con frecuencia las autoridades policiales, un poco para salir del paso, aunque con muchas razones, casi todas, relacionadas con la falta de recursos adecuados para mejorar el patrullaje en ciudades y carreteras. Pero allí, en el ámbito de la dotación de insumos para la seguridad, las responsabilidades recaen también en las gobernaciones y alcaldías, en el marco de sus competencias autonómicas. 

¿Será que, con un mayor número de uniformados en las calles, los ciudadanos se van a sentir más tranquilos? Es posible que así sea, pero las tareas de seguridad no son de responsabilidad absoluta de las entidades coercitivas del Estado. Hay una cuota aparte de cada habitante que tiene que ver con un cambio de actitud, especialmente si la perspectiva de nuestra sociedad está guiada por una cultura de paz, en todos los ámbitos. Y aún estamos lejos, porque solo con mirar —de reojo— los indicadores de maltrato a mujeres y niños, el sentimiento es de vergüenza.

¿Empero, qué sienten los ciudadanos cuando ven a un policía? Las respuestas son diversas, sin embargo casi ninguno dirá que se siente seguro. ¿Se anima a preguntar a sus vecinos y amigos, estimado lector? Y es que la imagen de cualquier organización se forja a partir de sus recursos humanos, y ciertamente la de la institución verde olivo está muy venida a menos. Habrá que darse una vueltita por las redes sociales para constatar que los guardianes de la seguridad no inspiran respeto.

¿Con más policías callejeros habrá mayor seguridad? Es posible, pero para que así sea, cada uniformado debe ser respetado antes que temido, y tendrá (en un próximo nivel) que ganarse la confianza de la gente con calidez y vocación de servicio. Sería mezquino no mencionar que también se han destacado efectivos comprometidos con la comunidad y que permiten que se divise una luz al final de este túnel.

De todas maneras, el avispado lector recordará las denuncias y procesos disciplinarios que aún corren por las laberínticas audiencias del sistema judicial (la otra deuda pendiente del Estado) en contra de malos uniformados acusados de ejercer varios tipos de violencia, incluyendo la sexual. Asimismo podrá recordar que a lo largo de la historia el narcotráfico no ha respetado las brillantes estrellas de los generales y que las faltas de tránsito se pueden negociar; aunque, es justo señalarlo, resulta difícil tirar la primera piedra en un escenario de complicidad.

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