Editorial

Incendios y gestión de riesgos

La prevención es la única manera de salvar vidas humanas así como de animales, y de preservar la naturaleza.

La Razón (Edición Impresa)

23:43 / 19 de septiembre de 2019

Las proyecciones más pesimistas sobre el calentamiento global se muestran cada vez más acertadas. No por nada Bolivia enfrenta incendios forestales de gran magnitud que hasta el momento han arrasado cerca de 3 millones de hectáreas (más de la mitad de la extensión de Oruro); y que pese a los esfuerzos no han logrado ser contenidos por factores climáticos, pero también porque persisten los chaqueos.

De hecho, varios bomberos voluntarios decidieron replegarse a sus regiones porque, según denunciaron, a las pocas horas de combatir el fuego éste vuelve a ser encendido por los propios comunarios, con lo cual sus esfuerzos resultan vanos. Incluso uno de los comunarios les habría reclamado, sin ningún reparo, por sus acciones contra las llamas, a tiempo de advertirles que de igual manera iban a volverlas a encender.

Y a esta irresponsabilidad y angurria por continuar las quemas para habilitar tierras para cultivos y pastoreo se estarían sumando fuertes vientos y la sequía extrema que atraviesa el planeta, producto del calentamiento global. Factores que habrían confluido para desencadenar los incendios forestales que hasta la fecha les han costado la vida a tres bomberos voluntarios, además de afectar 11 áreas protegidas y cinco territorios indígenas. Hablamos de una tragedia medioambiental de grandes proporciones que se está cebando particularmente con los árboles y los animales silvestres, tal como se puede apreciar en las imágenes que están circulando en las redes sociales.

Ahora bien, cabe resaltar que los incendios forestales de grandes magnitudes no son un fenómeno desconocido por estos lados. De hecho, estos desastres se repiten periódicamente en regiones claramente identificadas del país, algunos años con mayor intensidad que otros. A pesar de ello, cada vez que ocurren reaccionamos como si se tratasen de problemáticas recientes. Lo cual evidencia la ausencia de una cultura de riesgo para prevenir o al menos reducir las malas prácticas del agro boliviano y los efectos climáticos adversos en el país.

Por ello, urge insistir en la necesidad de que todos los niveles gubernamentales incorporen la gestión de riesgos y el análisis de los peligros climáticos en sus programas y planes de gobierno. Un requisito tanto más importante por cuanto una gestión responsable permite evitar o al menos atenuar las consecuencias de los desastres naturales y reaccionar ante imprevistos de gravedad.

Y si bien en un principio se necesita invertir tiempo, dinero y esfuerzos en tal sentido, con el tiempo, el Estado se podría ahorrar ingentes cantidades de recursos y las externalidades ocasionadas por las pérdidas (humanas, agrícolas y estructurales) que generan los desastres naturales como los incendios. Además, y más importante aún, la prevención es la única manera de salvar vidas humanas así como de animales, y de garantizar la conservación del patrimonio natural del país.

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