Editorial

Ingeniería del tabaco

Los cigarrillos son una avanzada obra de ingeniería creada para aumentar la adicción

La Razón / La Paz

00:01 / 10 de enero de 2012

Un reciente estudio presentado en PLoS Medicine advierte sobre la manipulación de datos publicados por la tabacalera Phillip Morris, en los que se reducía el riesgo tóxico de los aditivos (más de 300) empleados para mejorar la aceptación del producto, y se encubría el hecho de que estas sustancias aumentan las enfermedades cardiacas y la probabilidad de cáncer.

La investigación, elaborada por un equipo de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), sobre la base de datos publicados en 2002 por Phillip Morris (dueña de siete de las 15 marcas de cigarrillos más populares, entre ellas Marlboro), descubrió que “hubo cambios intencionados en los protocolos analíticos después de que los científicos de la industria encontraran que los aditivos aumentaban la toxicidad de los cigarrillos, incrementando (hasta un 20%) el número de partículas en el humo que causan enfermedades cardiacas y cáncer”.

Al respecto, Michael Rabinoff, profesor de la Universidad de California, explica que el 90% de cada cigarrillo es tabaco, ya de por sí adictivo y cancerígeno pues contiene nicotina, alquitrán y monóxido de carbono, pero que cerca del 10% son aditivos, compuestos químicos que se emplean supuestamente para suavizar el sabor del tabaco. Sin embargo, tal parece que estas sustancias no sólo vuelven más atractivo al cigarrillo sino también más adictivo.

En efecto, investigaciones del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo de la UE dan cuenta de que algunos de los productos agregados no son nocivos de manera independiente, pero pueden serlo asociados con otras sustancias o tras el proceso de combustión. El caso por ejemplo del cacao, “que tiene efectos broncodilatadores que facilitan el tránsito de los vapores de nicotina en los pulmones para que esa sustancia llegue más a la sangre (y sea más adictiva), o los azúcares añadidos, que se convierten en acetaldehído, que también aumenta el poder de enganche de la nicotina”.

Las tabacaleras aseguran que sus aditivos son sencillamente aromas, pero siempre se han opuesto a divulgar las sustancias que agregan y sus efectos, argumentando que se trata de propiedad intelectual para personalizar su producto. No obstante, los recientes hallazgos han motivado la promulgación de nuevas normas —tanto en Europa como en EEUU—, que obligan a las tabacaleras a detallar el tipo y el número de aditivos que emplean. 

Es de esperar que las autoridades nacionales promulguen normas similares y no bajen la guardia en esta lucha contra el tabaco. Especialmente después de que estas investigaciones revelaran que, en gran medida, los cigarrillos son una avanzada obra de ingeniería concebida para aumentar la adicción de sus clientes, con el único fin de llegar a sus bolsillos, aunque para ello tengan que ser aún más nocivos de lo que se pensaba.  

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