Editorial

Intelectuales y medios

El resultado es una libertad de expresión reducida y un escaso aporte al debate social.

La Razón (Edición Impresa)

22:51 / 17 de febrero de 2019

Parece irónico que en tiempos en los que la competencia entre universidades no solo inspira “rankings” y listas que aparecen en publicaciones especializadas, sino también mejoras en su oferta académica a través del desarrollo de actividades propias de la academia, como investigar y producir conocimiento, no existan suficientes expertos dispuestos a brindar análisis para efectos periodísticos.

Las páginas de opinión de este y otros medios son espacios para que personalidades del ámbito académico brinden sus opiniones sobre toda clase de asuntos vinculados con sus respectivos campos profesionales; sin embargo, el tratamiento de asuntos cotidianos, que ora por la racionalidad burocrática de sus operadores, ora por la tendencia de los portavoces políticos a sacar las cosas de contexto para abonar a la causa propia, quedan oscurecidos por falta de explicación de sus orígenes, de sus características e incluso de sus posibles consecuencias.

Las y los intelectuales dedicados al estudio, a la investigación y la creación y divulgación del conocimiento deberían estar disponibles para brindar comentario, sin embargo, con unas pocas excepciones, parecen huir de la atención que los medios atraen sobre ellos y ellas, reservando su conocimiento para unos círculos muy restringidos en los que la escasa publicación de ensayos hace aún más difícil encontrar sus ideas.

Hay algunas razones que explican este tímido comportamiento de las y los intelectuales ante los medios. Una de ellas se refiere a la imagen que éstos tienen de la mayoría de los medios, donde la farándula y los contenidos superficiales parecen tener preeminencia, provocando que quienes pueden aportar con ideas e interpretaciones frescas de la realidad prefieran evitar la exposición frívola de su conocimiento y experiencia.

Concomitante con esa razón, está el hecho de que son esos mismos medios que frivolizan los temas que abordan en sus distintos espacios, prefieren a un puñado de “analistas” ya conocidos, cuando no directamente evitan invitar a este tipo de personajes que pueden conflictuar con el modo en que tratan la información y los datos. En este grupo se incluyen algunos medios de orientación fronteriza con lo partisano, de uno y otro lado del arco ideológico.

También puede mencionarse el poco estímulo que reciben para publicitar sus ideas de parte de las instituciones donde desarrollan sus trabajos e investigaciones, ora porque hay una arraigada cultura de la autocensura allí donde se teme que algunas ideas incomoden al poder y provoquen una improbable reacción, ora porque tal autocensura se impone a título de no conflictuar con el ideario de la propia institución.

El resultado es no solo una libertad de expresión reducida a mínimos, sino también un muy escaso aporte al verdadero debate social, donde debería importar menos quién es el dueño de un automóvil de lujo que las razones que explican numerosos asuntos que inciden en la vida social y política, y de los que poco o nada se habla.

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