Editorial

Inundaciones

Conservar los bosques es la mejor manera de mitigar los efectos de las lluvias

La Razón

03:49 / 23 de febrero de 2012

El país atraviesa una emergencia climática por las intensas precipitaciones de los últimos días. En Pando, dos ríos se han desbordado, dejando a miles de familias sin hogar, especialmente en Cobija, capital del departamento. Sin embargo, la región más afectada es el municipio de Bolpebra, en la frontera con Perú y Brasil, que ha quedado completamente anegado.

En efecto, según un reporte del diario El Sol de Pando, las aguas del río Acre, crecidas por las lluvias que trajo el fenómeno de La Niña, han convertido a Bolpebra en pueblo fantasma, terminando “con la agonía de aquel incipiente municipio”. Para cobijarse, los pobladores de esa población fronteriza tuvieron que huir hacia el lado brasileño, a la ciudad de Assis. 

De igual manera, Cobija fue declarada zona de emergencia. Entre el domingo y lunes, avenidas y calles de esa ciudad se volvieron en parte del río Acre, que rodea a esa ciudad capital. En cuestión de horas, su caudal dejó ocho barrios anegados y a más de mil familias en albergues. En el lado brasileño, el sector donde se desarrollaba un intenso comercio ha quedado de igual manera sumergido, y gran parte de la ciudad de Brasilea, anegada.

Pero estas emergencias no se limitan al departamento de Pando. Según estimaciones del Viceministerio de Defensa Civil, más de 8.000 familias han sido afectadas por las lluvias en todo el país. Los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Chuquisaca también se han visto afectados. Para encarar la crisis humanitaria, esa repartición estatal tiene a su disposición 1.700 toneladas de alimentos que ya empieza a movilizar.

Tal parece que el país se encuentra en los albores de una nueva emergencia, generada por el cambio climático. Desde hace varios años que especialistas vienen alertando sobre los efectos de este fenómeno: lluvias cada vez más intensas, por un lado; y sequías extremas, por otro. Pero al mismo tiempo no se cansan de señalar las posibilidades para mitigar estos impactos. Entre éstas, la más efectiva es la conservación de los bosques, fundamentales para encauzar naturalmente los ríos y almacenar grandes cantidades de agua, evitando     inundaciones y desbordes. Funciones ecológicas que, en reiteradas ocasiones, han sido resaltadas en este mismo espacio.

No obstante, tal parece que aún no somos capaces de comprender su importancia. Los esfuerzos manifestados hasta ahora para la preservación de los parques y las áreas forestales, tanto desde el Gobierno como de la sociedad civil, han sido no solamente insuficientes sino incluso contraproducentes. En nombre del progreso y el interés personal, insistimos en construir obras y en expandir los cultivos agrícolas en regiones de vocación forestal, sin comprender que la actual crisis es un llamado a la innovación agrícola y a la implementación del nuevo paradigma de desarrollo.

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