Editorial

Inundaciones

Sería pertinente evaluar la relación entre las inundaciones y la deforestación

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:49 / 27 de febrero de 2014

No son pocas las regiones del Beni que en estos momentos se encuentran completamente anegadas. Las intensas precipitaciones y el desborde de los ríos han dejado sin hogar y sin sustento a miles de personas en ese departamento. Como corresponde, propios y extraños han comenzado a preguntarse sobre las causas de este desastre, para evitar que se repita en el futuro.

Diversas voces han alertado de que no se trataría de un fenómeno “natural”, sino más bien de una catástrofe provocada por las actividades humanas. Pues se sabe que la deforestación y la construcción de carreteras, asentamientos urbanos o represas muchas veces destruyen los mecanismos naturales para drenar el agua, dando lugar a desequilibrios como los que actualmente tienen lugar en el Beni.  

Por esta razón es que el Presidente del Estado ha pedido que se investigue si las represas brasileñas construidas en el río Madera, a pocos kilómetros de la frontera con Bolivia, están relacionadas con las inundaciones de las planicies benianas. Al respecto, cabe recordar que las usinas hidroeléctricas emplean reservorios de acumulación que conservan agua para que en el periodo seco la energía continúe siendo generada. Este sistema provoca la formación de grandes lagos y, consecuentemente, la    inundación de extensas áreas.

Consultados sobre este posible impacto, los responsables de la construcción de las hidroeléctricas de Santo Antonio y de Jirau han señalado que las áreas inundadas por los reservorios de esas usinas son ligeramente superiores a las que se presentan en época de lluvias. Esto porque emplean turbinas horizontales que no necesitan de la acumulación de agua, pero sí del flujo constante del líquido elemento, una de las principales características del río Madera.

Más allá de esta explicación, como bien señala el Mandatario, sería conveniente evaluar si las represas brasileñas tienen alguna responsabilidad o no en la subida extraordinaria del agua. De paso se podría examinar el impacto de las hidroeléctricas en la reducción de peces en el río Madera, pues se sabe que los diques impiden el flujo normal de las especies que nadan a contracorriente para depositar sus huevos.

De igual manera sería pertinente evaluar la relación entre las inundaciones y la destrucción de los bosques. Una evaluación tanto más importante por cuanto desde el Gobierno se ha mencionado la posibilidad de habilitar nuevas áreas de pastoreo para compensar la pérdida de ganado (más de 200.000 cabezas) que se está presentando.

Y es que en este caso el remedio puede resultar peor que la enfermedad, habida cuenta de que las áreas forestales, además de albergar plantas y animales, son una suerte de esponjas naturales que almacenan grandes cantidades de agua en épocas de lluvia y simultáneamente encauzan naturalmente los ríos. De allí la importación de conservar nuestros bosques.

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