Editorial

Irak: 10 años después

El saldo de la ‘liberación’ de Irak dista mucho del que había sido anunciado

La Razón / La Paz

01:09 / 19 de marzo de 2013

Hace diez años, luego de montar una cuidadosa trama para presionar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Gobierno de Estados Unidos, encabezado por George W. Bush, con el aval de una voluntariosa coalición de aliados (en especial los gobiernos del Reino Unido, España y Portugal), llevó a cabo la invasión a Irak.

Como justificativo de la Operación Libertad se aseguró que el régimen de Sadam Husein tenía “armas de destrucción masiva” y, por tanto, significaba una amenaza no sólo para sus vecinos sino para todo Occidente.

Demás está decir que tras la invasión y la ocupación militar de Irak las supuestamente letales “armas de destrucción masiva” jamás aparecieron, por la sencilla razón de que nunca existieron. Habían sido una mentira, el pretexto para ejecutar la operación militar contra Husein, que tiempo después (a fines de 2006) fue detenido y ejecutado. Falsa fue también la atribuida relación del régimen iraquí con el grupo terrorista Al Qaeda. Lo que sí está comprobado es que por efecto de la invasión hubo más de 120 mil muertos, la mayoría civiles, según datos oficiales; mientras que las estimaciones de Opinion Research Business, con sede en Londres, arroja más de un millón de muertos.

El fin de semana pasado, como recordatorio y nuevo testimonio de lo que significó la ocupación para los iraquíes, salió a la luz un video que muestra a tres soldados españoles propinando una brutal pateadura a un prisionero en la base de Diwaniya. “¡Jo! A este se lo han cargado ya” (sic), comenta otro, al final de la escena. Y eso que las tropas españolas, enviadas por el entonces presidente José María Aznar, pese a la mayoritaria oposición de la ciudadanía, estaban en Irak en misión de “paz, reconstrucción y ayuda humanitaria”.

Más allá de los documentados casos de tortura y la muerte de civiles bajo fuego estadounidense —que para la contabilidad militar no son más que “daños colaterales”—, el saldo de la “liberación” de Irak dista mucho del que había sido anunciado. Las tropas se van, los costos quedan. Así parece funcionar esta maquinaria de destrucción y muerte, en especial cuando hay fuertes intereses corporativos en torno a la explotación de recursos naturales.

Algo más. Aparte de librarse y librarnos —según el guion oficial— del peligro de Sadam Husein, sus vínculos con terroristas y sus armas, la ocupación llevaba consigo para Irak la promesa de un “modelo de democracia” que, impuesto a golpe de misil, todavía no llega.

Así, tras una década de aquella Operación Libertad, iniciada el 20 de marzo de 2003, está en duda la consistencia (fragilidad, más bien) del nuevo orden constitucional y sus instituciones, así como el ejercicio de derechos de las y los iraquíes.

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