Editorial

Jardineras maltratadas

El respeto por las áreas verdes no es precisamente una de las virtudes de los paceños

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:14 / 21 de octubre de 2015

Las áreas verdes son sinónimo de vida y esparcimiento en todas las ciudades, pues además de mantener limpio el aire y embellecer las calles son esenciales para que los atribulados habitantes puedan encontrar sosiego en la naturaleza. Empero, no se puede pretender disfrutar de sus beneficios si antes no se las cuida y se respeta las funciones para las que fueron creadas.

Y eso es justamente lo que está pasando en la sede de gobierno, cuyas plazas y jardineras son utilizadas en muchos casos como basureros y/o mingitorios, tanto por perros como por humanos; amén de sufrir destrozos, particularmente durante las manifestaciones y las entradas folklóricas, y robos cotidianos. Por caso, luego del Gran Poder o de la Entrada Universitaria, la Alcaldía gasta hasta Bs 300.000 para reponer los plantines y el césped que quedan destrozados. Y lo propio ocurre durante las protestas, en las que el ornato público queda siempre resentido, y no tanto por los explosivos o las ramas y rocas que se arrancan de donde sea para interrumpir las calles, sino sobre todo porque los manifestantes, al igual que los comerciantes callejeros, entienden y tratan a las áreas verdes como si se tratase de lugares de reposo.

A todo ello se debe sumar el robo frecuente de plantines (de cada diez que se siembran, al menos dos son sustraídos) y de rejas, tanto de las jardineras como de los parques municipales, al extremo que la municipalidad gasta entre Bs 50.000 y 300.000 al mes para reponer la infraestructura pública sustraída. Además, no son pocos los conductores imprudentes que destrozan con sus vehículos rejas, bancos, árboles y muros de protección. Algo que sucede principalmente en las avenidas Busch, Buenos Aires, Muñecas, Las Américas y Costanera. A su vez hay peatones que se niegan a usar las pasarelas, y para “cortar camino” optan por destruir las jardineras que separan las calzadas. Por otra parte, nunca faltan los ciudadanos que gustan de dejar su basura y desperdicios en los espacios públicos.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, las deposiciones de los perros, algunos callejeros, pero la mayoría en compañía de sus amos, es pan de cada día en gran parte de las áreas verdes, lo que constituye un riesgo para la salud de la población, toda vez que el viento suele transportar las bacterias asentadas en las heces fecales, lo que puede provocar enfermedades oculares, intestinales y respiratorias entre las personas.

Como se puede observar, el cuidado de las áreas verdes no es precisamente una de las virtudes de los habitantes de La Paz, de allí la necesidad de seguir insistiendo en la necesidad de invertir en campañas de educación para formar ciudadanos más considerados y respetuosos con el resto y con su ciudad. Solo así la atribulada población podrá vivir en una metrópoli más linda y ordenada, a tiempo de disfrutar del sosiego que solo la naturaleza pude proporcionar.

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